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La Opinión de A Coruña

Ánxel Vence

Crónicas galantes

Ánxel Vence

España se da a la bebida

Beber es un placer, pero también un acto patriótico que contribuye al aumento de la recaudación de Hacienda y, por tanto, a la riqueza del país. Decididos a arrimar el hombro sin más que empinar el codo en esta hora difícil de la economía, los españoles se están dando a la bebida con más fervor que nunca en los últimos años.

Así lo constata la Agencia Tributaria en su último informe de ingresos a cuenta de los impuestos especiales sobre el alcohol, en general, y la cerveza, en particular.

El Estado, que tutela las drogas legales, ha engordado notablemente el botín que obtiene por medio de estos tributos. La cifra de los tres primeros meses del año supera a la del mismo período de ejercicios anteriores; y ello a pesar de que la contabilidad no incluye la Semana Santa, ni la Feria de Abril, entre otros jolgorios que favorecen la ingesta de alcohol.

Nada más lógico. En poco más de dos años hemos vivido una pandemia con reclusión domiciliaria, un alza desaforada de los precios del carburante, una inflación como no se recordaba en decenios, los efectos de una anacrónica guerra en Europa y, de propina, una monada de viruela.

Si tamaña sucesión de desdichas no es suficiente para que el personal se refugie en la botella y hasta en el barril, que baje Baco y lo vea.

Lo han visto ya, en todo caso, los analistas de Hacienda, que en su último informe mensual cifran en un 43,8 por ciento la crecida de la recaudación por tributos alcohólicos con respecto al mismo trimestre del pasado año.

Podría interpretarse que han subido los impuestos y/o el precio de las bebidas, pero lo cierto es que la propia Agencia aclara que la mayor recaudación está “en línea con el comportamiento de los consumos”. Lo que, traducido del árido lenguaje administrativo, quiere decir que el aumento de los ingresos de Hacienda en este capítulo especial se debe, básicamente, a que estamos bebiendo bastante más.

Cierto es, para decirlo todo, que la comparación se hace con períodos en los que la hostelería estaba cerrada o restringida: y ya se sabe que los españoles, a diferencia de nórdicos y anglos, no somos muy de beber en casa.

Pero, aun con esos matices, los datos no dejan mucho lugar a la confusión. Los impuestos especiales sobre el alcohol han aportado en este primer trimestre 357 millones de euros, frente a los 248 millones del pasado año. Los del tabaco, que también ayuda lo suyo a calmar los nervios, han crecido tan solo un 7,8 por ciento; si bien en este caso influye el aumento de precio de los cigarrillos.

La fuente de esta información es, además, la idónea; aunque no lo parezca. Mucho más fiable que el Ministerio de Sanidad, al que en principio debería corresponder el seguimiento de esta clase de drogas legales, la Agencia Tributaria funciona como un tiro, según podrán dar fe los que hayan sido tiroteados por ella. No es el caso del departamento de Salud, que no para de hacerse un lío con las mascarillas y las cifras de la pandemia.

Hay quien interpreta este repunte alcohólico como un resultado de la COVID-19, que había dejado sediento de alegrías al personal. Sea por eso o para encontrar alivio a la situación, no se trata de una buena idea. Ya se sabe que las penas flotan por mucho alcohol que se les eche para ahogarlas. En Hacienda no se quejan, eso sí.

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