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La Opinión de A Coruña

Carlos Miranda

LA PELOTA NO SE MANCHA

Carlos Miranda

El Deportivo, en pie ante su historia

Villares, Quiles, Aguirre y Álex, entre otros jugadores del Dépor, dan palmas tras el Dépor-Linares. VICTOR ECHAVE

No hay mañana. El Dépor, ante su historia. El deportivismo, ante uno de esos días que ponen cicatriz sobre cicatriz o que te iluminan por dentro y para siempre. Parecen el Fin del Mundo y ha habido tantos... 1927, 1940, 1941, 1971, 1991, 1994, 2002, 2011, 2013, 2015... Imposible pensarlos en conjunto. Engullen. Todos encierran una historia, un drama o una alegría que vencieron al tiempo, que tejieron un sentimiento. El 11 de junio de 2022 tiene una página en blanco por escribir. El equipo, humano, alentado y levantándose, busca ascender, reparar y no fallar. No es poco. El peso de una deuda, el peso del pasado. Es imposible entender el transcurso vital del Dépor y, sobre todo, sus últimos años sin una afición que ha vivido el fatalismo a la coruñesa. Estoica, con un nivel de autoestima superlativo, sin importarle el dónde, el cuándo y el con quién, mientras sea con el Dépor. La verdadera bendición, donde hay que estar. Se han propuesto salir de la mano de su equipo de un infierno aún sin fecha de caducidad y hay una generación de jóvenes deportivistas que esperan por una alegría que vivir a lo grande, que contar a sus nietos. Para quien ha ganado títulos no es subir, no es plantarse en Segunda, es de qué manera se respondió ante la adversidad. ¿Será esta vez?

No es subir a Segunda División, es redondear una forma muy propia de vivir una pasión, de lidiar con las adversidades

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Y a ese día, al sábado, el grupo de Borja Jiménez llega a flor de piel. Avasallador por momentos, vulnerable en otros. Fiel al alto voltaje y al reborde de sentimientos, tiene potencial, es imperfecto. Hasta cierto punto impredecible. Su capacidad para bloquearse en la primera parte ante el Linares y resurgir y avasallar en la segunda muestra a un equipo poliédrico, que se revuelve para crecer en la desgracia, que aún lucha ante sus demonios y debilidades. ¿Qué llegaron antes los goles o el fútbol? Nadie lo sabe al 100%. Eso sí, esos cuatro tantos fueron una liberación, un chute de adrenalina y de confianza ante lo que viene. Tampoco deben esconder que, como ha hecho siempre en los últimos meses, deja algunas migas por el camino, algún rastro de debilidad. Preocupa. Quien espere un equipo redondo y una noche sin sobresaltos y bajo control este fin de semana que se vaya buscando otro plan. Sufrir siempre ha estado en el contrato de deportivista.

Bloqueado en la primera, avasallador en la segunda parte. Lucha para crecer, se sobrepone, siempre destilando dudas

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El Linares, a pesar de desplegarse como un sensacional conjunto en Riazor, falló en las áreas. Mackay se hizo gigante con sus manos y el Dépor pegó y pegó hasta tumbarle cuando pudo por fin pisar la zona cercana a Razak. El Albacete, más bregado y construido para ascender, no le va a dar tantas bolas extra. Penalizará los fallos, no dejará pasar ante su puerta una cascada de oportunidades de gol. Una debilidad semejante a la de la primera parte y no habrá vuelta atrás.

A la espera de rescatar esa fiabilidad que le acompañó durante los primeros meses de liga y que ahora muestra de manera intermitente, el Dépor se agarra a ese vendaval de diez minutos, a su capacidad para sobreponerse y a nombres que sobresalieron ante el Linares y que llevan tiempo levantando la mano.

A Riazor le costó entender y esperar a Mario Soriano, aquí lo tienen. Él llegó, Miku está de vuelta. El Dépor lo añoró

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El primero es Ian Mackay. A pesar de estar por encima de la categoría, no se ha librado de altibajos esta temporada. El coruñés reconoció en alguna ocasión que el poco volumen de ocasiones que tiene que atender en cada partido hace que le cueste en ocasiones mantenerse activo, coger ritmo. Pero llegó el día y no falló. Salió disparada la volea de Etxaniz y ahí estaba su manopla. Firme, sin titubeos, moldeando la historia. No es la primera vez que juega, que brilla en un play off. Si al coruñés se le fichó, si él ha regresado a su portería, es para ser héroe en días así.

El Miku que necesitaba

Y hay más. Sin Mackay, no habría habido victoria, goleada y fiesta. Es imposible no detenerse en él, elevarlo. La génesis de todo. El golazo y el festejo de Álex Bergantiños también obligan a redireccionar los focos, a conectar con la esencia de la pasión, a pesar de haber estado el pivote muy impreciso en la primera parte. El eterno idilio de Alberto Quiles con el gol, esa regularidad que tanto perseguía y que ahora luce es otro motivo para paladear el momento. La lista es larga, sin duda, pero las primeras líneas son para Mario Soriano y Miku. No es solo su fútbol, su aportación, es dónde vienen.

La celebración del gol del madrileño aún atruena por A Coruña. Es, sin lugar a dudas, la irrupción de la temporada. El jugador que el Deportivo ha madurado para que fuese diferencial en el momento caliente. El Mario que empezó la liga y el que la está acabando no se parecen en nada. Borja siempre le tuvo fe, las imágenes de festejo del gol con sus compañeros demuestran que no es uno más. Por fútbol, por conexión de vestuario. El penalti de Quiles puso el viento a favor, es innegable, pero su entrada, esa facilidad de Mario Soriano para recolocar al equipo y darle juego interior, está en la base de la resurrección de la segunda parte. Al deportivismo le ha costado esperarlo, entenderlo, aquí lo tienen,

Con el venezolano los tempos fueron diferentes. Es la edad. Empezó majestuoso la temporada, se desvaneció en 2022 y empieza a resurgir para el descuento de la liga, cuando hay que estar. Borja se sinceró hace días diciendo que ni él sabe “lo importante que es para el equipo”. Su segunda parte demostró lo que supone para el Dépor tenerlo cerca de su pico de forma. Controles, movimientos inteligentes, las conexiones con lo que le rodea... Fue un clínic. Riazor solo necesita uno más.

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