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La Opinión de A Coruña

José Manuel Ponte

Inventario de perplejidades

José Manuel Ponte

Gorilas en los planes de educación

Los sucesivos planes de Educación (cada cambio de Gobierno nos trae uno nuevo) intentan, sin conseguirlo hasta ahora, imponer un modelo de enseñanza que sintonice con los postulados ideológicos del partido que en ese momento ocupa el poder. El planteamiento lleva implícita la convicción de que el modelo tiene fecha de caducidad y por tanto que puede ser cambiado, o modificado, en cuanto el Boletín Oficial del Estado cambie de manos.

¿ Y a qué dedica entonces su tiempo libre (como canta Perales) el ministro de Educación mientras aguardamos por el relevo? Pues a lo de siempre, polemizar con la oposición, excitar a profesores, padres y alumnos con la inminencia de unos decretos por la vía de urgencia, para impedir que las leyes de sus antecesores continúen destrozando los valores convivenciales que ya empezaban a rendir los frutos deseados. En ese discurso autocomplaciente coinciden todos los ministros que hayamos conocido con independencia de su color político.

Durante la larga dictadura franquista, estuvo vigente el modelo francés racionalista con las obligadas correcciones para favorecer al aparato político, entre militar y fascista, de aquel régimen ferozmente autoritario, y por supuesto a la Iglesia Católica de Roma, que había bendecido la Cruzada contra el comunismo ateo y los degenerados liberales judeomasónicos.

Los de mi generación tuvimos que sufrir un examen de ingreso en aquel Bachillerato de siete cursos, luego una Reválida de cuarto, después otra Reválida de sexto, y por último el examen de un curso Preuniversitario (el famoso Preu) que sustituyó al Séptimo Curso, llamado Examen de Estado, en el que debías acreditar los conocimientos adquiridos en las pruebas anteriores. Por si todo esto fuera poco, el primer curso en la Universidad era selectivo y si querías obtener la Licenciatura debías pasar otra prueba.

La abundancia de exámenes no tiene por qué desmoralizar al alumnado, dando por cierto que es una preparación estupenda para su posterior desarrollo profesional. Otra cosa es la calidad de los contenidos, que ya de siempre en España se criticó por su exceso de memorismo mientras se descuidaba la práctica. Un intelectual tan provocativo y amante de la paradoja como Miguel de Unamuno dijo refiriéndose a los extranjeros que se escandalizaban de la escasa productividad de los españoles: “¡Qué inventen ellos!”

Los planes de reforma de la Educación se remontan a los gobiernos de Franco siendo ministro del ramo Villar Palasí. El sátrapa pasaba las vacaciones en el Pazo de Meiras con breves incursiones en la ciudad de A Coruña para asistir a algún espectáculo deportivo.En aquella ocasión lo acompañaban el ministro Villar Palasí y el director general de Educación Eugenio López, que había ocupado antes importantes cargos políticos y me había preparado para unas oposiciones. Yo lo conocía bastante porque a veces venía a comer a casa de mis padres.

Tuve la ocasión de entrevistarme con él, en compañía de Pedro de Llano, que entonces era director de El Ideal Gallego, periódico propiedad de la Editorial Católica. Abordamos a Genín, así se le llamaba familiarmente al jurista ourensano y le pedimos que nos explicara lo sustancial de la reforma que se anunciaba polémica. No entendimos casi nada. Al parecer, la futura norma facilitaba pasar de un curso a otro, e incluso de una carrera a otra, sin mayores agobios. “¿Qué te parece?”, me preguntó eufórico. “No sé.Me recuerda a los gorilas de Africa y a Tarzán pasando de un árbol a otro por una liana”. En la villa marinera de Laxe el instituto lleva el nombre de Eugenio López en agradecimiento por las gestiones realizadas para su construcción.

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