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La Opinión de A Coruña

Luis M. Alonso

Sol y sombra

Luis M. Alonso

Jugar con fuego

No digo que Pedro Sánchez no sea un tipo arriscado y hasta temerario. El riesgo está incluido en su manera de concebir la política a saltos, haciendo equilibrios en la cuerda floja, a veces suspendido en el vacío. Forma parte, parece ser, del manual de resistencia del superviviente del que tanto ha presumido hasta ahora y del que se sirve en una cada vez más tremebunda legislatura. Pero tiene que haber algo más que un peligroso riesgo asumido en su giro estratégico del Sahara y teniendo en cuenta las consecuencias que le puede acarrear a España debido a las represalias comerciales por parte de Argelia.

¿Que Estados Unidos y la Unión Europea lo han empujado como ariete de un nuevo orden geopolítico frente a la inmigración? ¿Que nadie esperaba el órdago argelino en unas circunstancias así? ¿Que Marruecos, como se dice en ciertos mentideros, lo tiene pillado por escuchas de Pegasus que hasta ahora no se conocen? Si actuó unipersonalmente, sin necesidad de que nadie le haya empujado a hacerlo, está claro que la apuesta no le está saliendo bien puesto que el país se juega 2.000 millones al año en exportaciones y la continuidad del suministro del gas. No es broma tratándose como se trata Argelia de un mercado prioritario para España. Si es malo para las exportaciones, lo que significa en cuanto a las importaciones es todavía peor en el caso de cerrarse definitivamente el grifo energético para un cliente que compra a los argelinos la mitad del gas que importa. Por concretarlo, el 47 por ciento.

Sánchez con su giro en favor de Marruecos en relación al Sahara, como se solía decir del refranero ha desvestido a un santo para vestir a otro en el momento quizás más inoportuno, con un gravísimo problema de inflación galopante, en medio de una guerra y una gran crisis energética. Ahora más de un ciudadano piensa que no solo ha jugado con fuego, sino que ha empapado las cerillas de gasolina.

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