Cuando vives una experiencia que te marca se crea en tu mente una conexión neuronal con ese recuerdo. A medida que pasa el tiempo y cada vez que ese suceso regresa a tus pensamientos, esa conexión antigua se activa trasladándote al pasado. El resultado es que vives esa experiencia una y otra vez.

Desde el punto de vista psicológico y ante un suceso traumático, esta regresión forma parte de su curación natural, siempre y cuando no caigas en la trampa de la rumiación. ¿Te suena el concepto de mente discursiva? Te presento a tu voz interior, esa que nunca se calla y te acompaña día y noche, esa a la que Teresa de Jesús bautizó cariñosamente como “la loca de la casa”.

La neurociencia nos dice que hay algunos sucesos que necesitamos revivirlos una o dos veces para transitarlos y liberarlos, sin embargo, hay otros que requieren de una mayor repetición.

¿Cómo lograr revivir una experiencia traumática sin prejuicios?

Solo hay una manera: acallando tu mente discursiva, esa que como un periodista radiofónico comenta tu experiencia añadiendo nuevos datos y juicios a la historia cada vez que la recuerdas ¿Y si hubiera reaccionado de otra manera? ¿Y si me hubiera levantado y marchado? ¿ Y si hubiera dicho esto o aquello? ¿ Y si mi comportamiento fuera otro?…Estoy segura de que todas estas conversaciones te resultan familiares.

Si dejas que entre en juego esta parte del diálogo, el recuerdo más allá de alejarse se fortalecerá aferrándose a tu mente y a tu presente. Has caído en la trampa de la autoalimentación y eres susceptible de quedarte atrapado en ese momento de tiempo durante meses o años.

¿Cómo liberarse entonces y soltar esta rumiación tan dañina?

Entrenando tu mente. El entrenamiento mental te permite transformarte en la persona que quieres llegar a ser.

Deja de echar leña al fuego. Cada vez que el recuerdo regrese identifícalo, hazte consciente de su activación y date cuenta de que lo que está ocurriendo forma parte del proceso natural de su liberación. Una vez que estés inmerso en la experiencia, NO COMENTES NADA, silencia tu mente discursiva, no sumes posibles escenarios o actitudes que nunca existieron, solo permite que transcurra, y una vez termine, continua con la actividad que estabas haciendo en ese momento.

Si cuando estás frente a una hoguera le echas leña al fuego incrementarás sus llamas pero si dejas que el fuego se consuma, se extinguirá de forma natural.

Será entonces cuando poco a poco transites tu experiencia recordándola cada vez menos hasta liberarla y soltarla al fin. Si sostienes un peso entre tus manos durante un periodo largo de tiempo te agotarás. Apóyalo en el suelo, déjalo ir, ya no tiene nada más que enseñarte.

La salud mental requiere entrenamiento. Los maestros tibetanos nos dicen que nada importante se logra en la vida sin ser el guía de tu propia mente.

La recompensa del proceso será el sosiego, la paz interior y la transformación que has experimentado, ya que no serás el mismo sino alguien que ha crecido personal y espiritualmente.