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La Opinión de A Coruña

Juan Tapia

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Juan Tapia

¿Dar una salida a Putin?

Europa se está dividiendo entre ‘pragmáticos’ (no solo Macron) y ‘justicieros’ (Polonia y los países bálticos)

Este domingo es la primera vuelta de las legislativas francesas. La incógnita que planea es si Macron logrará, como en 2017, la mayoría absoluta para gobernar sin ataduras. No se sabrá hasta la segunda vuelta del domingo 19, pero las perspectivas son peores que hace cinco años.

Solo un 27% está satisfecho con el Gobierno que Macron ha formado tras las presidenciales. Y aunque un poco más de la mitad desea que obtenga esa mayoría, el 45% apuesta por el frente de izquierdas que ha tejido Mélenchon integrando a la mayoría del partido socialista (el de Mitterrand y Hollande) y a los ecologistas. Como si aquí Podemos se hubiera merendado al PSOE. Hoy, el populista de izquierdas Mélenchon es la alternativa.

Y el populismo tiene donde morder. La gran preocupación de los franceses (del 57%) es la erosión del poder de compra. La rebaja salarial causada por el alza de los precios. Y eso que en Francia la inflación es del 5,8%, frente al 8,1% de la zona euro y el 8,7% de España. Sin duda, el alto IPC español de los últimos meses es una de las causas del ascenso de Vox que detectan las encuestas. Veremos Andalucía.

Todos los gobiernos temen hoy al monstruo inflacionista que alimenta el malestar y las protestas. La guerra de Ucrania no es la única causa, pero sí una de ellas. La subida del gas natural ha disparado los precios de la electricidad y la sustitución del gas ruso (que abastecía a Alemania y a otros países) por gas licuado aumentará aún más los precios. Por eso Europa se resiste a prohibir las compras a Rusia. Al contrario, a corto plazo (el próximo invierno), el gran miedo es que Rusia corte el suministro, pese al gran coste que tendría para sus arcas.

Los precios energéticos han subido un 39% en un año y el del petróleo un 50% desde enero. La UE ha decidido —tras muchas discusiones— suspender casi todas las compras de petróleo ruso y James Dimon, el presidente de JP Morgan, ha dicho que el crudo puede dispararse desde los 120 a los 175 euros, lo que sería una catástrofe. Jason Furman, profesor en Harvard y exasesor de Obama, afirma: “América produce tanto petróleo como consume y los precios del gas están poco afectados por el conflicto. En Europa el precio del petróleo y del gas empeorarán y dañarán la actividad. En América es poco probable que, a corto, la guerra de Ucrania cause una recesión. Por el contrario, es muy probable que la provoque en Europa”.

Y el aumento del precio del trigo y de otros cereales por el cese obligado de las exportaciones de Ucrania —el granero del mundo— está generando, como explicaba Rafael Vilasanjuan, una emergencia alimentaria en países del Tercer Mundo de terribles consecuencias humanas, que también acarrearán una inmigración descontrolada.

Por esto Macron, Scholz y Draghi se inquietan ante la duración de la guerra, que va a cumplir su cuarto mes. No quieren que Putin gane y están dispuestos a seguir el boicot a Rusia para apoyar a Ucrania, pero ¿cuánto puede durar la guerra y el envío de material militar, cada vez más ofensivo, sin traspasar lo que Putin considere líneas rojas? Merkel reapareció el martes y afirmó que es imposible actuar ignorando que Rusia es la segunda potencia nuclear del mundo.

La prolongación de la guerra —a corto ni Ucrania puede ganar ni Rusia perder— es preocupante. Los europeos son ciudadanos y consumidores que pueden votar contra los gobiernos democráticos mientras que los rusos son súbditos acostumbrados a vivir en una dictadura. El coste de las sanciones a Rusia, aunque menor, puede a corto desestabilizar más a las democracias europeas que a Putin.

Alemania, Francia e Italia lo quieren evitar. Por eso —como Kissinger en Davos— creen que no hay que humillar a Putin. Y se está creando una división europea. Los pragmáticos son acusados por los justicieros (Ucrania, pero también Polonia y los bálticos) de querer la paz a cualquier precio. Y Boris Johnson está con ellos.

Al final, todo dependerá de si Putin acepta dar marcha atrás. Y de la posición de Estados Unidos, con un presidente Biden con difíciles elecciones en noviembre y un Trump combativo. ¿Puede Putin, que ha cometido un gran error de cálculo, admitir una salida razonable que sea el mal menor?

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