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La Opinión de A Coruña

El correo americano

Una ficción perfecta

En diciembre de 2001, la mujer del novelista Michael Peterson apareció muerta en el rellano de las escaleras de su casa en Durham, Carolina del Norte. La Policía, tras observar el estado del cadáver, decidió de inmediato que el lugar debía ser tratado como una “escena del crimen”. La cantidad de sangre que encontraron no sugería una caída o un accidente; las heridas, a primera vista, parecían indicar un forcejeo previo o algún tipo de agresión. Además, el comportamiento de Peterson, quien halló a su esposa agonizando, resultaba un tanto sospechoso; en la conversación que mantuvo con la operadora telefónica de la llamada de emergencia se mostró demasiado histriónico e deliberadamente incongruente, hablando como se supone que uno tiene que hablar en una situación como esa en vez de responder de forma natural a las preguntas formuladas. Sin embargo, las pruebas que se encontraron en la casa (y que se presentaron posteriormente en el juicio) tampoco determinaban una conclusión irrefutable. No había señales claras de estrangulamiento o de resistencia por parte de la víctima; en su cráneo se hallaron unas heridas, pero éste no estaba fracturado como era de esperar en el caso de que hubiera sido golpeada.

¿Mató Michael Peterson a su esposa Kathleen? Esta pregunta ha obsesionado a muchas personas, sobre todo a los aficionados al true crime (un género muy popular en Estados Unidos que se ocupa de los asesinos en serie y homicidios resueltos o sin resolver más o menos extravagantes), y ha generado multitud de teorías sobre el caso, incluyendo un misterioso (y sorprendentemente verosímil) ataque de un búho. Peterson fue declarado culpable en 2003 y pasó ocho años en la cárcel hasta que su condena fue revocada debido a las irregularidades cometidas por el equipo de investigación que colaboró con la acusación en el juicio (el departamento estaba infectado de corrupción). Durante el proceso judicial también se dieron a conocer unas supuestas infidelidades de Peterson con otros hombres (¿la esposa estaba al tanto de su bisexualidad o conocía esas relaciones sexuales extramaritales?) y se investigó de nuevo la muerte de una vieja amiga suya, a quien el novelista también encontró sin vida en unas escaleras (¿casualidad o reincidencia?). También salieron a relucir sus mentiras (se inventó que le habían concedido un Corazón Púrpura en la guerra de Vietnam) y las complicadas relaciones con los hijos biológicos de su primera mujer y sus hijas adoptadas. Algunos de estos detalles son conocidos porque unos cineastas franceses, interesados en realizar una obra sobre el estado de la justicia estadounidense, rodaron un documental sobre la defensa de Michael Peterson sumergiéndose en la cotidianidad del acusado.

Ahora, una miniserie, The Staircase, recién estrenada en HBO Max, aborda este escándalo judicial/criminal que ha generado tantas horas de podcast y televisión. “Parece que miente incluso cuando dice la verdad”, afirma el director del documental en uno de los episodios. Peterson, interpretado por Colin Firth, es presentado como una persona compleja y arrogante que juega (o lucha) con diversas ambigüedades, consciente de la relevancia de su performance; como novelista conoce bien la ingeniería que proporciona credibilidad a los relatos. ¿Es culpable o inocente? ¿Se trata de un cruel asesinato o de un absurdo y trágico accidente? El misterio no se puede resolver; solo hay finales alternativos. Pero él ya es un personaje ajustado a las convenciones del género. El producto de dos montajes audiovisuales sofisticados. Una ficción perfecta.

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