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La Opinión de A Coruña

Carlos Miranda

LA PELOTA NO SE MANCHA

Carlos Miranda

El Dépor no puede vivir solo del romanticismo

Aficionados del Dépor animan al equipo ante el Albacete el pasado sábado. Casteleiro / Roller Agencia

Amanecieron A Coruña y el deportivismo en silencio tras un largo fin de semana, orgullosos por cómo sienten al Dépor, por lo que ven a su alrededor, agotados por su repetida desgracia. Las imágenes de esa juventud ávida de alegrías, de las calles en los días previos, en los alrededores de Riazor, son el calmante ante un dolor profundo por conocido, pero aún peor. Vaciante. Es su verdad, así lo percibe la afición. No deja de ser también un mecanismo de defensa, una manera de acomodar el cuerpo para que el golpe haga menos daño. Lo que no se puede permitir este club, ni por su historia ni por su gente, es que ese romanticismo, que la entereza ante el sufrimiento, sirva de sedante ante la falta de ambición. No todo vale con el Dépor. No debe vivir de las victorias morales, de las deudas históricas, del “Nos van a ver volver”, aunque no se sepa cuándo. No se puede dejar ir, no puede seguir fuera del fútbol profesional. Los análisis y las decisiones, desde la exigencia. Futuro.

Ha sido un golpe en el minuto 113 de una prórroga que parecía tener controlada la que aparta al Dépor de Segunda y la que le espeta todos sus males. Es la volatilidad del fútbol que, en esta ocasión, le ha vuelto a estallar en la cara. Casi le salva. Parece todo muy casual, que dependiese de centímetros, no lo es tanto. El pecado es que el Dépor lleva exponiéndose toda la temporada y, al final, se ha despeñado en el último instante, no en una jugada puntual. Atrás queda una mala gestión del bache del inicio de 2022, su falta de cuajo para aguantarle el pulso al Racing de Santander, su deficitaria segunda vuelta a domicilio, unas decisiones dentro de la plantilla que han acabado extenuando a algunos jugadores y apartando a otros y que han estrechado un plantel envidiado en el resto de la Primera RFEF. ¿Ha tenido el rodaje y la confianza Rafa de Vicente durante el año para jugarse con él la gloria en una prórroga de la final del play off? Es un ejemplo, hay más. El equipo empezó imperial, no supo reciclarse y su resurrección fue con pies de barro. Siempre dejaba alguna incógnita en el aire. Duda a duda reventó todo sobre la hora cuando era un equipo que, a pesar de sus déficits, tenía todo el potencial dentro para haber logrado lo que le pusiesen por delante. Y, encima, tenía a Riazor de su lado.

El Dépor no se lo puede permitir, no se lo puede volver a permitir. No es un resbalón, son una pila por la que ya ni sobresale. Y ahora toca levantarse, no queda otra. Hay que tomar decisiones, drásticas seguramente, pero con el equilibrio justo que requiere la severidad del momento y la sensación de que, a pesar de la desgracia, empezaba a construir algo que el deportivismo percibía que arraigaba. No es fácil, no es sencillo calibrar, ya es hora de que lo vayan haciendo. La afición no puede sostenerlo todo.

El primer nombre que está sobre la mesa es el de Borja Jiménez. No hay persona que salga más tocada de esa final del play off. Y no es una muesca aislada en sus debes de esta temporada. Hay condicionantes físicos, una gastroenteritis con desgraciada puntería, pero sus cambios en ese minuto 81 antes del 1-1 y la falta de cintura para recomponer al equipo en la segunda parte ante un Albacete que tampoco iba a tumba abierta son de las que inclinan el pulgar hacia abajo. Al técnico, como a casi todos, le obsesiona controlar al equipo, tener los partidos y las situaciones en sus parámetros y, casualmente, es lo que ha faltado. Mano, valentía, también por momentos, decisión. No recondujo del todo bien al Dépor en este 2022, siempre faltaba algo. Inconsistente. Hay quien cree que no debió pasar del mes de marzo. No exprimió lo que tenía, no fue quirúrgico el pasado sábado cuando Rubén de la Barrera le planteaba retos. Siempre necesitaba un descanso para recomponer a su grupo. Y él era el experto, era el gurú de los ascensos. Cuando te fichan por objetivos, por currículum, hay que poder sostenerlos. ¿Llega a este verano en condiciones para seguir al frente?

Es probable que Abanca tome más decisiones. Da la sensación de que ningún estamento puede estar del todo tranquilo, sobre todo, porque la responsabilidad exige resultados. El Dépor está muy lejos de ser lo que imaginaba Juan Carlos Escotet cuando se sentó en 2017 en el bajo de la sede de Rúa Nova para darse la mano con Tino Fernández y prestarle 45 millones para pagar a Hacienda. Cinco años más tarde, el club está dos categorías más abajo, anclado como en el resto de su historia a la tercera categoría, y de ser prestamista ha pasado a ser dueño porque no le quedaba más remedio, para que el barco no se terminase de hundir. Una manera de asegurar su inversión. Por desgracia y por sorpresa, el mayor punto de estabilidad que tiene ahora mismo la institución.

Al club le sigue faltando una figura con experiencia en gestión deportiva para tomar las decisiones estratégicas al más alto nivel. Alguien por encima de la secretaría técnica. No existe tampoco ese perfil dentro del consejo de administración, pensado desde el punto de vista empresarial. Una persona así en momentos de viraje, de revolución profunda, es cuando más se necesita. Tarde o temprano tendrá que llegar alguien, por encima de que la contención de gasto es la que manda en estos momentos. Porque el Dépor no puede empezar de cero cada verano, revolver las cartas. Tiene que haber un hilo conductor, una cabeza que piense el proyecto no solo como una empresa, también en el césped.

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