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La Opinión de A Coruña

Matías Vallés

al azar

Matías Vallés

No recuerdo a quién voté

Ayer me desperté sin recordar qué había votado en el referéndum de la OTAN. Descarto la abstención que reclamaba un Fraga desorientado, estaría entre el no que me pedía el cuerpo y el sí en caso de haber extendido una prórroga a la confianza agonizante en Felipe González, a quien España entera había aclamado en 1982. Han transcurrido tres décadas desde la alianza con la Alianza, pero era una decisión trascendental para el futuro de mi país, y no he olvidado el apasionamiento detallista con el que participé en la convocatoria.

Votar para olvidar es una tendencia cada vez más extendida, la borrachera de un electorado que muestra tan poco cuidado en seleccionar su voto como los partidos en elegir a sus candidatos. El votante va por libre, se muestra volátil, la fidelidad antaño irrenunciable a unas siglas ha degenerado en un pacto menos duradero que un matrimonio. Hay que leer las encuestas para no creerlas, y en ellas se demuestra que mi amnesia sobre la OTAN es un fenómeno masivo. El “recuerdo de voto” en las pasadas elecciones compondría parlamentos radicalmente distintos de los vigentes a raíz de las elecciones “recordadas”.

La inestabilidad ha llegado al punto de que el elector desea olvidar su voto en el momento de depositarlo, a menudo el día antes. No se vota con pinzas en la nariz para evitar el hedor, sino con una frívola despreocupación. El pasado domingo en la civilizadísima Francia, siete de cada diez votantes en las legislativas menores de 35 años se quedaron en casa, y a esa edad ya no quedan antisistema. Se abstiene el sistema, el microchip que nos incrustaron Soros/Gates con la vacuna no surte efecto, en el único mercado que los chinos no aspiran a suplantar sino a exterminar. La tribu psicológica decidirá si predomina el desaliento o solo el desistimiento, mientras los predictores de catástrofes insistirán en que los votos en retroceso se deciden en las naves industriales de bots de San Petersburgo, que en ningún caso tendrán más peso abstencionista que un domingo de playa.

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