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La Opinión de A Coruña

Joaquín Rábago

360 grados

Joaquín Rábago

El petróleo y los “valores” de Occidente

Informaban el otro día nuestros medios del viaje de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a Israel y Egipto para firmar un acuerdo de cooperación en materia de energía.

En Jerusalén, la cristianodemócrata alemana acusó a Rusia de “chantajear” a la UE utilizando su dependencia del gas ruso y de “cortar deliberadamente el suministro a Polonia, Bulgaria y Finlandia, así como a empresas holandesas y danesas”.

A lo que se añade el recorte del suministro a través del gasoducto Nord Stream 1 a Italia y Alemania, este país, muy dependiente del gas ruso, con el que pretende llenar sus depósitos con vistas al próximo invierno.

Mientras tanto se sabe de fuentes israelíes que Bruselas y el Estado Judío trabajan desde hacía meses en la negociación de un acuerdo que permitirá exportar gas israelí a Europa a través de Egipto.

No sé si al lector demócrata le chirriará algo ese acuerdo de la representante de un bloque que dice al mismo tiempo estar defendiendo en Ucrania los “valores de Occidente” con dos países acusados de violar sistemáticamente los derechos humanos.

Israel lleva décadas incumpliendo impunemente, gracias al decidido apoyo de EEUU, todas las resoluciones de las Naciones Unidas relativas a la ocupación ilegal de Cisjordania y ha sido acusado de numerosos crímenes de guerra en la franja de Gaza.

En cuanto al presidente egipcio, Abdelfatah El-Sisi, es el mismo hombre que lideró en 2013 el sangriento golpe de Estado que acabó con el gobierno democráticamente elegido de Mohamed Morsi, líder de los Hermanos Musulmanes.

Por cierto que, como tantos militares golpistas, El-Sisi realizó su carrera militar en el Reino Unido, primero, y luego en un colegio de Guerra de Estados Unidos, donde, a juzgar por su historial, no parece que aprendiese precisamente valores democráticos.

En su último informe, Amnistía Internacional habla de detenciones arbitrarias en ese país de periodistas, estudiantes, miembros de la oposición, defensores de los derechos humanos y manifestantes pacíficos, sometidos muchas veces a torturas, así como de desapariciones forzadas.

Por cierto que Egipto y sobre todo Israel son dos principales receptores de ayuda militar de EEUU en la región sin que esa ayuda se vea afectada por las violaciones sistemáticas de los derechos humanos o del derecho internacional humanitario.

Hace ya unas semanas, el dirigente de los Verdes alemanes y ministro de Economía, Robert Habeck, viajó a Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, países que tampoco se caracterizan por el respeto de esos derechos, en busca de sustitutos del gas ruso.

Los dirigentes occidentales, incluso aquellos que como los Verdes alemanes más presumen de luchar a favor de la democracia y los derechos humanos, parecen no tener escrúpulos en firmar acuerdos con dictaduras, siempre y cuando, esto es, sean aliadas de Occidente.

Tienen un gran ejemplo en EEUU, cuyo actual presidente, el demócrata Joe Biden, que sufrió un importante revés en la reciente Cumbre de las Américas, visitará próximamente, según se anuncia, Arabia Saudí, el principal exportador mundial de petróleo.

Allí se reunirá con el príncipe heredero, Mohammed bin Saldan, al que los servicios de inteligencia estadounidenses consideran autor intelectual del asesinato y descuartizamiento en 2018 del periodista saudí Jamal Khashoggi en el consulado de ese país en Estambul.

Es cierto que las relaciones bilaterales se habían enfriado tras ese asesinato y el Gobierno de Riad se había aproximado últimamente a Rusia, pero las necesidades de gas y petróleo hacen perdonar muchas cosas y olvidar, sobre todo, eso que llaman pomposamente “nuestros valores”.

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