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La Opinión de A Coruña

Pedro de Silva.

La calima

Hay algo inquietante en la calima: su voluntad de pasar por encima de los mares, las cordilleras y cualquier división natural de la geografía física y política. La calima recuerda que esas divisiones y defensas mantienen el orden territorial en penúltima instancia, pero no valen de nada ante una invasión masiva desplegada en la atmósfera media o alta. Verla avanzar hacia el Norte superando sin inmutarse los antes llamados Pirineos Cantábricos, embolsando en su propia confusión anaranjada nubes, meteoros y paisajes, difuminando las formas y los volúmenes más egregios, poniendo en entredicho su poder, que había configurado la historia y otorgado o quitado la victoria en tantas guerras, hace que nos sintamos envueltos por la respiración de una criatura de un orden superior, que cuando se mueve nos trae con ella la revelación de que estamos inermes. Su nombre es África.

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