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La Opinión de A Coruña

Joan Tapia

El éxito: librarse de Vox

En mi artículo del domingo, previo a las elecciones andaluzas, dije que España estaba bastante mejor que otros países porque la suma del voto populista (a Vox y a Podemos) era aquí bastante inferior. Pero que, por el contrario, el “mal español”, para muchos irremediable, era que el PSOE parecía forzado a gobernar siempre con Podemos y que la única alternativa posible sería un pacto del PP con Vox. España, atrapada en el bloque contra bloque.

Tras las elecciones de Andalucía las cosas han cambiado a mejor. El populismo español sigue pesando menos que, por ejemplo, en Francia, donde el domingo se celebró la segunda vuelta de las legislativas. El populismo en Andalucía ha quedado reducido a Vox, que con un 13,5% ha subido algo su porcentaje, más las dos formaciones surgidas de Podemos (12,3%) que han visto caer su voto. En total el populismo suma un 25,8%, porcentaje significativo pero reducido si se compara con el 43,1% del PP y no digamos al 67,2% de los dos grandes partidos (PP más PSOE).

Por el contrario, en Francia la coalición populista de izquierdas de Mélenchon ha logrado un 32,64% que, si le sumamos el 17,3% del partido de Le Pen, llega al 49,9% y supera ampliamente al 38,6% del partido de Macron, que tendrá el primer grupo parlamentario sin mayoría absoluta. En Andalucía el populismo suma el 25,8%, la mitad del 49,9% de Francia.

Pero lo auténticamente relevante es que se ha estrellado la tesis del “mal español”, que ninguno de los dos grandes partidos podría gobernar sin apoyo populista. En Andalucía eso no es ya así porque, con el 43,1% de los votos, el PP ha obtenido 58 escaños, por encima de la mayoría absoluta, lo que le permitirá gobernar en solitario. Y tener mayoría sin Vox era el gran desafío tanto del presidente andaluz, Juanma Moreno, como de Núñez Feijóo, nuevo líder del PP. No depender de Vox parecía más un sueño que algo factible.

El éxito es, antes que nada, mérito de Moreno, que con una gestión tranquila (sin tremendismos ni guerras culturales contra la izquierda) lograba ya en las encuestas un amplio aprobado a su persona y a su gestión. Y con este estilo centrista, muy distinto al de la madrileña Díaz Ayuso y al de los acomplejados ante los gritos de Vox, ha conseguido no solo contener la subida de la extrema derecha (a la que las encuestas daban hasta 19 escaños) sino quedarse con los 21 de Cs y robarle 3 al PSOE, quizás electores socialistas que han creído que la mejor forma de evitar que Vox entrara en el gobierno era votar al PP.

Es un éxito de Moreno frente a Vox y a los populares que tienen miedo a marcar distancias con la extrema derecha. Y también frente al PSOE y al resto de la izquierda. Al menos en Andalucía el perfil más centrista del PP ha sido electoralmente rentable. Además, es casi seguro que Moreno se ha beneficiado de la imagen del nuevo líder del PP, Núñez Feijóo, y que no habría tenido la misma credibilidad con un PP dirigido por Pablo Casado o Isabel Díaz Ayuso.

El resultado andaluz también tiene una lectura española. Hoy es más creíble que ayer —aunque nada seguro— que el PP de Feijóo pueda ganar las futuras legislativas sin depender de Vox, lo que hará perder miedo a votar a la derecha. Y esto abre interrogantes sobre la política de Pedro Sánchez. El PSOE ha perdido tres escaños (sobre su peor resultado histórico), pero los dos partidos de Podemos se han quedado con 7 cuando antes tenían 17. La clave —aparte de los males de la división— es que los andaluces han preferido un Gobierno moderado que no sea tributario del populismo de Vox o de Podemos.

La apuesta de Sánchez de gobernar con Podemos, partido en crisis y que critica muchas decisiones del Gobierno, sale tocada tras las elecciones andaluzas. ¿Seguirá el PSOE con la política del frente de izquierdas hasta las próximas generales, o deberá rectificar para repescar votos centristas que en Andalucía se han ido al PP?

Sánchez está en un momento difícil. En teoría, le quedan 18 meses de legislatura, en mayo de 2023 tendrá elecciones municipales y autonómicas y la situación económica tiende a complicarse. Gobernar como hasta ahora, y haciendo caso omiso del PP, parece una aventura imposible.

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