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La Opinión de A Coruña

Carlos Miranda

LA PELOTA NO SE MANCHA

Carlos Miranda

La tercera oportunidad de Borja

Borja Jiménez gesticula en un partido contra el Tudelano en Riazor el pasado mayo. CARLOS PARDELLAS

En tiempos en los que escasean las segundas oportunidades, a Borja le llega una tercera, una vida extra. No sobran en los banquillos. Más con la presión que hay sobre el Dépor y sobre Riazor. Él es el primero que lo sabe y lo agradece. En la semana previa al play off, ya se sentía afortunado por haber sobrevivido al gatillazo ante el Racing, a la debacle en Badajoz. Ese día pisó arenas movedizas, en la plaza de Pontevedra se lo pensaron y temió irse fuera. Todo lo que había aprendido en Miranda o en Cartagena no servía para navegar en estas turbulencias. Resistió, no lo tiraron por la borda. El 11 de junio llegó un nuevo zarandeo, cruel, el más fuerte. Hubo más dudas, días inciertos que superó y en los que apostaron por él cuando casi nadie lo esperaba. La secretaría técnica, fiel a lo que cree, no quiso soltar lastre y librarse de señalamientos, no dudó en ligar su futuro al de su apuesta. Ahora tendrá que luchar el técnico contra la erosión social, que siempre estará de fondo dispuesta a volver al primer plano ante los reveses. Porque hay un pasado, porque es la vida misma, a pesar de que Riazor, comprensivo y cansado de tanta volatilidad, ya entendió dónde está. Deberá también Borja pulir al equipo y, sobre todo, ascender a Segunda, la obsesión, lo único que justifica todo. Si el deportivismo quería estabilidad, aquí le van dos tazas.

Sobrevivió a la goleada de Badajoz y al ascenso frustrado. No sobran las vidas extra en un banquillo y más en el Dépor

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Tras el ensordecedor silencio de la semana pasada, el club ya está en marcha. No hay nada como rodar y mirar al frente para enfriar las penas y aparcar el luto, aunque sigan esperando traicioneros en el subconsciente. Gorka Santamaría es el primero en caer. Un fichaje estratégico para animar a las huestes blanquiazules, una contratación que envía un mensaje a la categoría. Nada decae, todo sigue en pie y las manos en la partida serán de all in. El Dépor quiere lo mejor, volver a Segunda. No ha venido a esta Primera RFEF a hacerle horma al sillón. Más allá de los nombres, de los que vendrán, de los que se escaparán y de los que no tienen sitio, debe recuperar el aliento y el alma como equipo.

A nadie se le escapa que, por mucho que varíen los nombres, el Deportivo 2022-23 será en esencia muy parecido a su predecesor. Borja Jiménez no va a renunciar al ADN futbolístico que quiere en sus proyectos: equipos de posesión, de control férreo, de líneas altas, de presión arriba si la ocasión lo requiere, de interiores, de laterales largos... O se produce una metamorfosis inesperada o la apuesta irá por ahí y no tiene por qué ser mal camino. Pero debe afinarla, hacerla más versátil, ser más valiente y rescatar a su equipo de una tendida caída de la que no se recuperó y que acabó desembocando, entre múltiples desgracias, en la tarde negra del Albacete en Riazor.

Le toca rehacer y levantar al equipo, alicaído en la segunda vuelta, y luchar contra la erosión social

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El sorteo de la Primera Federación ha animado al Dépor a renovar el juego de maletas y, de paso, ha puesto sobre la mesa una de las tareas más importantes del nuevo proyecto: volver a ser un equipo de verdad fuera de casa. La primera parte de la pasada temporada fue arrolladora en Riazor y a domicilio, a pesar de que en muchos momentos los puntos estuviesen por encima del fútbol. El técnico logró crear casi de la nada y en un chasquido de dedos un equipo fiable, reconocible y ganador. No era fácil, hasta parecía demasiado pronto para algo aparentemente tan redondo. En cambio, más adelante no fue capaz de mantenerlo, de que siguiese en lo alto cuando llegó el pico del resto de competidores, de que fuese fuerte ante los contratiempos, de que creciese al ritmo debido durante la temporada... Se le escurría entre los dedos. Se notó, sobre todo, lejos de Riazor, porque en A Coruña iba tirando, siempre se sintió arropado, recuperó cierto tono, notó que pisaba sobre seguro. Y solo le sobraron siete minutos, casi le llega con esa media cara para subir, aunque en el ambiente siempre flotase que nunca se llegó a recuperar del todo de esos diez días fatídicos de febrero. Tocado y hundido en diferido y sobre la hora. Una desgracia.

De gol a gol y la cantera

Si hace un año el primero en llegar fue Menudo, este verano es Gorka. No tiene nada que ver un jugador con el otro y el deportivismo reza para que el futuro como blanquiazul del vasco sea más alentador que el del sevillano. Pero la esencia es la misma: atar y pagar gol. Uno como referente de ataque, el otro como segunda línea. Vendrán más con esa cualidad a un equipo que dependió en exceso de Miku y Quiles. Se les caían los goles de los bolsillos, mientras no abundaban unos metros por detrás. Los medios no llegaban, Noel fue de más a menos y, al final, Lapeña apareció como salvavidas a balón parado. Muy poco.

Así como hace un año Noel, Trilli y Yeremay tuvieron la puerta entreabierta, este es el momento de Barcia o Brais Val

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Uno de los múltiples debates que se abrió en torno a Borja es el de la gestión de la cantera y más repicando toda la temporada el futuro de un Noel que parece encaminado desde hace meses a ser jugador del Castilla. Pocas cuentas hay que ajustar. El verano pasado el club y él mismo decidieron entreabrirle la puerta a tres canteranos, a riesgo de quedarse escasos en la planificación de algunas demarcaciones como la punta de ataque. Uno se consolidó (Trilli), el otro no derribó la muralla en una delantera con alta competencia (Noel) y el tercero acabó jugando y tiene el camino despejado para el próximo ejercicio (Yeremay). El Dépor no puede ni quiere parar. Habrá juveniles de 2004 jugando en el Fabril, el ascenso no parece una prioridad y Dani Barcia y Brais Val tienen que ser los próximos que asuman el rol de Noel, Trilli, y Peke.

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