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La Opinión de A Coruña

Ánxel Vence

Crónicas galantes

Ánxel Vence

Política(s) de altos vuelos

Una ministra anticapitalista de la que igual da el nombre viajó el otro finde a Nueva York en compañía de varias colegas de su departamento para explicarles a los americanos lo que es la democracia y el derecho reproductivo de las mujeres. Los yanquis llevan dos siglos y pico votando cada cuatro años sin falta a su presidente; pero algo habrán aprendido de la ministra y de sus compañeras de expedición.

A Irene Montero la había precedido unos días antes la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que escogió la más soleada Miami para su peregrinación ultramarina por tierras del imperio. Más modesta, la dirigente madrileña se limitó a reunirse con inversores que pudieran estar interesados en llevar dinero a su reino autónomo.

Anticapitalista la una y ferviente defensora del capitalismo la otra, ambas coincidieron en lo esencial, que es darse un garbeo entre laboral y turístico bajo pretextos más bien inverosímiles. Nada de ello quita que la suya sea una política de altos vuelos.

Vuelan a gran altura, desde luego, en el Falcon oficial utilizado por la ministra y el avión de línea en el que viajó la presidenta de Madrid, distrito federal. Coincide también que esta política de cumbres —aéreas— haya sido censurada por los fans de la derecha, en el caso de Montero; y por los de la izquierda, en el de Ayuso. Ya se sabe que en este país la gente es del Madrid o del Barça, haga lo que haga su equipo.

Lo curioso del asunto es que fueron ellas mismas las que provocaron la notable polémica que estos días enfrenta a rojos y azules, una vez más. Las dos sucumbieron, en este o anteriores viajes, a la tentación de hacerse fotos como si estuviesen de vacaciones, y, lo que es peor, publicarlas por los conductos de internet.

Convencida de que estaba haciendo historia, y no una escapada de finde, Montero tuiteó que sus interlocutoras e interlocutores en Estados Unidos consideran a España “una referencia” acaso mundial en materia de derechos de la mujer. La ministra recibió el elogio “con orgullo y honor”, que es fraseología vagamente juancarlista.

Tarde cayó Montero en la cuenta del peligro que tienen las redes sociales. Antes se enviaba una postal a la familia y amigos para que rabiasen de envidia; pero eso fue en tiempos del pleistoceno o por ahí. Lo habitual en esta era de la instantaneidad es retransmitir el viaje a todo el mundo, colgando fotos del periplo en Instagram, en Twitter y/o en Facebook.

Eso es lo que hicieron la ministra y su séquito; y el aire vacacional de las imágenes difundidas desencadenó, inevitablemente, la irritación de una parte del público que no puede darse tales alegrías viajeras por mera falta de liquidez.

De no ser por las fotos de coleguillas en Times Square —vicio en el que también incurrió Ayuso en un anterior viaje—, la aventura transoceánica de la ministra habría pasado probablemente inadvertida. No es infrecuente, después de todo, que ministros y presidentes autonómicos viajen al extranjero con los más diversos propósitos. Famosa fue hace muchas lunas, por ejemplo, la visita del presidente gallego Manuel Fraga a la Cuba de Fidel Castro; si bien entonces no había selfis ni redes sociales.

Ni Montero ni Ayuso han inaugurado esta vieja política de altos vuelos, pero tampoco hay que quitarles mérito alguno. La próxima vez, eso sí, ya sabrán que no es oportuno ni conveniente publicar las fotos de lo que hacen en sus ratos libres.

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