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La Opinión de A Coruña

José Manuel Ponte

inventario de perplejidades

José Manuel Ponte

De cuando la calle es plena

Leo un titular de periódico en el que nos informan de que un ex primer ministro de Japón ha sido asesinado en “plena calle” por un exmilitar que ya fue detenido. La expresión en “plena calle” sugiere el absoluto desamparo de la víctima, que no fue capaz de defenderse ni de huir, dada la proximidad del ataque. Debe de ser muy frustrante que una persona de relieve social como un ex primer ministro, alrededor del cual estaría tejida una tupida red de seguridad, tenga la mala suerte de estar a la intemperie justo cuando el asesino encuentra el momento de dispararle. En estos casos, la estampida del gentío contribuye a aumentar la confusión. Nadie sabe cuál es la mejor vía para escapar de allí. La calle, que tantas veces nos sirvió de escenario para el esparcimiento tranquilo, se ha convertido en una riada que anega de pánico la torrentera humana. La expresión en “plena calle” es de uso frecuente y sirve para describir hasta qué punto una calle cualquiera puede alcanzar un grado de plenitud que haga especialmente intensa cualquier actuación que se desarrolle dentro de sus límites. Ya hemos visto que en “plena calle” acentúa la sensación de desamparo que puede sufrir un ex primer ministro japonés cuando le disparan en medio de una calle abarrotada de asistentes a un mitin electoral de su propio partido. Y también si fuese un esforzado ciclista en “plena ascensión” a un durísimo puerto de montaña. O una enferma en “plena pandemia” de coronavirus. O la temeridad del soldado al asomar la cabeza fuera de la trinchera en “plena ofensiva” del ejército enemigo.O el anciano irresponsable que se echa a la calle un día de verano en Córdoba especialmente caluroso sin sombrero y en plena canícula. En realidad, se trata de exigir el supremo esfuerzo sin tener los medios para medirlo científicamente. El conocido filósofo Arsenio Iglesias dijo “estamos siendo muy exigidos” cuando el Barça de Cruyff (filósofo de otra escuela de pensamiento) estaba a punto de arrebatarle el título de campeón de la Liga de Fútbol.

Escribir estas banalidades bajo una ola de calor que reblandece la sesera es una temeridad. La prosa, incluso la periodística, que es la más ligera de todas, se evapora y se suda hasta por los ojos. Decía don Santiago Ramón y Cajal que en España, salvo en el noroeste, disfrutamos de un clima semiafricano pero con tendencia hacia la desertización. En la meseta y en las tierras arrebatadas a los moros suele decirse que padecen “nueve meses de invierno y tres de infierno”. En unos días de verano anticipado ardieron los hermosos parajes de la Sierra de la Culebra ante la negligencia de los políticos. Algunos de ellos fueron apedreados por agricultores y ganaderos arruinados. No merecen mejor trato.

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