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La Opinión de A Coruña

José Manuel Ponte

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José Manuel Ponte

Dejar la piel en el campo

Del debate sobre el estado de la nación, que llevaba nueve años sin celebrarse, hay que destacar dos afirmaciones del presidente del Gobierno. En una de ellas nos anuncia que va a ir “a por todas” y en la otra, que se va a “dejar la piel en el campo”. Son dos promesas voluntaristas que ya se verá, con el transcurso del tiempo, si se pueden convertir en algo que beneficie a los ciudadanos más desfavorecidos. Por supuesto que, la amplitud de la propuesta, permite evadirse del compromiso sin mayor incomodidad. La frase entró en la leyenda durante los Juegos Olímpicos de 1920 en Amberes. El 1 de septiembre de ese año jugaba la selección española de fútbol (mayoría de vascos y catalanes) contra la atlética formación sueca, que era la favorita. Y prácticamente el único que podía hacerles frente en la disputa con su 1,95 de estatura y 90 kilos de peso era José María Belausteguigoitia, más conocido como Belauste, un abogado de Llodio que no quiso pasarse al profesionalismo y que, junto a Pichichi, es uno de los históricos futbolistas vascos más recordados. Había empezado ya el segundo tiempo y no se veía la forma de superar la muralla sueca cuando Belauste, que se desmarcaba de su par, le gritó a Sabino, compañero suyo en el Athletic de Bilbao: “¡A mí, Sabino, el pelotón, que los arrollo!”. Y fue tan poderoso el ímpetu que Belauste aplicó a la acción que también se llevó por delante al portero y a dos defensas suecos. Hoy todavía se discute si fue el balón, la cabeza o la mano con lo que se ayudó Belauste para traspasar la portería nórdica. Pero el árbitro dio por válido el gol y ahí comenzó la leyenda sobre la “furia española”. ¿Piensa el señor Sánchez y su selecto equipo de asesores de imagen que esa mención a las virtudes de la raza les puede reportar una buena cosecha de votos en las próximas citas electorales? Es posible. Pero, en cualquier caso, servirá de entretenimiento al numeroso grupo de sociólogos, comunicólogos y encuestadores que ocupan espacio en los medios con sus vaticinios. Respecto de la segunda frase, con la que el actual presidente del Gobierno pretende informarnos sobre la intensidad de su estado de ánimo, la elección no resulta demasiado afortunada. “Dejar la piel en el campo” es un giro metafórico de uso creciente entre los jugadores de fútbol y expresa la voluntad de dejarse despellejar antes que aceptar la derrota. Suele ir precedida de la expresión “la verdad es que”, lo que nos aproxima a la siniestra práctica inquisitorial de arrancar la piel a tiras a los desgraciados renuentes a aceptar la verdad proclamada por sus verdugos, (¡serán capullos!) En otra de sus acepciones, “dejar la piel en el campo” también vale para citar a aquellos animales que tienen la costumbre de mudar de piel, como en el caso, entre otros, de las serpientes. Y de algunos políticos.

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