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La Opinión de A Coruña

Ferrán Monegal.

Un ladrón con ganas de dar espectáculo

Acaba de lanzar la cadena Cuatro, junto con la plataforma Amazon Prime, el documental El Sapo S .A.: memorias de un ladrón. Es una producción que ha dirigido Nacho Medina sobre las andanzas del afrancesado Jon Sapieha Candela, alias el Sapo.

Actuando en primera persona, en calidad de protagonista del documental, asegura ser el cerebro del atraco al Banco Popular de Yecla, en la Nochebuena de 1998, un robo interesante porque reventó las cajas de seguridad y, al estar muchas de ellas repletas de dinero negro, no se sabe exactamente cuánto se llevó. Se habla, sotto voce, de 2.700 millones de pesetas. Asegura también ser el autor del robo en el domicilio de Esther Koplowitz, en 2001, del que se llevaron dos Goyas, entre otros cuadros. Decía, con gran sentido de la teatralidad: “Para poder ser robado por mí, tienes que tener un estatus que te lo permita. No todo el mundo puede ser invitado a ser mi víctima”. O sea, ser robado por el Sapo es un plus que te coloca en lo más alto de la escala social. Remató su presentación contando que su última hazaña fue negociar la liberación del pesquero Alakrana, secuestrado en el Índico por piratas de Somalia en 2019. Dice que le contactó el CNI, que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero le pagó, secretamente, un millón de dólares, y encima también logró robarles el botín a los piratas.

Bueno, vayamos por partes. De los robos en Yecla, y a la Koplowitz, el ladrón protagonista que salió en los medios de comunicación como gran cerebro de estos trabajos, y que acabó condenado a 89 años, fue Ángel Suárez Flores, alias Casper. Vivía en un lujoso chalé de Majadahonda (Madrid) hasta que lo pillaron. De manera que aquí parece haber un conflicto de protagonismo entre hampones. Lamentablemente, Casper murió de cáncer en febrero del año pasado, o sea, ya no puede reclamar toda esa gloria delincuencial que el Sapo se atribuye en exclusividad en el documental.

Respecto a su última gesta, como agente secreto a las órdenes del CNI y negociador de la liberación del Alakrana, es un tema misterioso. No hay datos. Es lo que tienen las negociaciones secretas, claro. Yo creo que a mi admirado Nacho Medina le ha faltado recurrir a un elemento fundamental, alguien que del CNI lo tiene todo grabado: el excomisario José Manuel Villarejo. Con Villarejo, y quizá también con un poco del pequeño Nicolás, la trayectoria del Sapo habría quedado menos misteriosa, más perfilada.

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