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La Opinión de A Coruña

José Manuel Ponte

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José Manuel Ponte

Memoria de un jugador uruguayo

Cumple 95 espléndidos años Dagoberto Moll, un futbolista uruguayo (nunca incurriré en la falta de respeto que supone tratar de exfutbolista a una reconocida leyenda de mi juvenil colección de cromos). Los grandes futbolistas, y Moll pertenecía a ese selecto grupo, nunca se retiran de nuestra memoria. En realidad, nunca mueren, como dijo el general francés Charles de Gaulle de los grandes soldados. Yo me cruzaba en la calle con él bastantes veces, ya que suele ir a diario a un club cercano donde hace ejercicio. Anda a buen paso y lleva a la espalda una mochila como la que usan los escolares, lo que le confiere un aspecto de atlética soltura. Hace tiempo, arrastró una dolencia en una pierna, pero la superó a base de disciplina.

Dagoberto Moll, que jugó en el Deportivo y en el Celta con la camiseta del 10, llegó a España con 17 años y formó parte de aquella famosa delantera, que fue conocida como la “Orquesta Canaro” por el virtuosismo con que jugaban los cinco delanteros al fútbol, comparable al del afamado conjunto musical porteño. La alineación integrada por Corcuera, Oswaldo, Rafael Franco (los tres, argentinos), Moll (uruguayo) y Tino (de San Pedro de Nós, provincia de A Coruña) causó asombro en la Liga española donde llegaron a aplaudir sus actuaciones cuando jugaban de visitantes. Y no quedaron campeones porque en la última jornada las autoridades futbolísticas franquistas propiciaron un resultado favorable al Atlético de Madrid, que era conocido como el Atlético Aviación, por su sintonía con los pilotos que habían combatido en el bando nacional. Alguno de ellos con los alemanes de la Legión Cóndor.

Todos los que vieron jugar a Moll destacan su habilidad con el balón, su medido pase, y lo colocado de sus envíos a puerta. No era alto, pero tenía la virtud de colocarse muy bien anticipándose en el salto a un oponente que le llevaba más de una cabeza. La técnica consistía en sorprenderlo con una maniobra de aproximación que no esperaba y, mientras este dudaba de qué hacer en una milésima de segundo, iniciar la ascensión. En sus divertidas memorias (que ya he citado más de una vez) el economista Fabián Estapé alude a la argucia que utilizó la directiva del Barça, de la que él era entonces directivo, para fichar a Luis Suárez, por cuatro perras, haciendo que se interesaba por Dagoberto Moll. Pagaron por el uruguayo 5 millones de pesetas e incluyeron en el trato al gallego que cumplía 17 años. La iniciativa de la opción hay que atribuírsela a Ladislao Kubala que tenía mucho peso en el club y estaba maravillado con lo que le había visto hacer al futbolista de la calle de la Torre. Luego, ya convertido en figura mundial, se fue con Helenio Herrera al Inter de Milán donde vivió una etapa gloriosa en compañía de Pizzi, Maldini, Mazzola, Corso y Jairzinho, con los que ganó muchos títulos. Decir que “el uruguayo (o sea Moll) no valía nada” no se corresponde con la realidad. Porque el uruguayo fue muy pero que muy bueno. Y que cumpla muchos más.

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