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La Opinión de A Coruña

Javier Cuervo

un millón

Javier Cuervo

El tiempo ya no es el tiempo

Hablar del tiempo ya no es hablar del tiempo. Los fenómenos meteorológicos que estrenamos no caben en un viaje de ascensor. Los telediarios, que se volvieron casi monográficos en los tiempos de José María Aznar con el terrorismo y cuyo minutaje nunca fue refutado después, ahora dedican 20 minutos a hablar del tiempo, antes de pasar a deportes y llegar a la sección del tiempo. Tiempo al tiempo. Mata el terror climático.

Informar del tiempo ya no es informar del tiempo, aunque salgan el niño que dice que en los años de su vida nunca vio algo como esto, el viejo que recuerda un refrán antes de que se le escapen risa y mella, el especialista que recomienda que nos hidratemos y la psicóloga que advierte de que el calor irrita y favorece los cambios de humor. En unas semanas una experta dictaminará si hay sesgo de género y si el termómetro correlaciona con el patriarcado.

Estrenamos el recuento de muertos por calor. Hace 18 morían de eso en Francia; en España, no. “Es que no saben pasar calor” (faltaba añadir “los gabachos”). Desde el COVID, las vidas ancianas cuentan, aunque quienes se convierten en noticia son trabajadores golpeados a muerte por el calor. Estos informativos de la televisión los empezamos viendo en pantalla grande, en las películas catastróficas y distópicas que avanzaban la gran aventura de la vida en un globo recalentado. Lo que decía antes la presentadora americana de Hollywood ahora lo cuenta Ana Blanco.

Cuando se habla del tiempo ya no se habla del tiempo, sino de incendios, de abandono de los montes, de miles de hectáreas de brasas vivas en la España vacía o en la de la segunda residencia, de sequías subsaharianas, de hambrunas sahelianas, de saltos a la valla melillense, de crisis energética en el mundo, de ahorro energético en Alemania, de escasez energética en Europa, de guerra en Ucrania, de parar las medidas ambientales para reducir el CO2, de volver a encender las centrales térmicas, de quemar carbón, de todo lo que hay detrás de la señora que se ríe en el Telediario mientras azota el abanico.

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