Kiosco

La Opinión de A Coruña

Joan Tapia

Nuestro mundo es el mundo

Joan Tapia

El General Invierno de 2023

La caída de Draghi coincide con un momento en que Europa afronta cuatro graves peligros a la vez: inflación, inquietud por el euro, recesión y escasez de gas

Tras dos meses de guerra en Ucrania, un alto dirigente europeo me confesó: “Ahora, lo que más nos inquieta es la inestabilidad política y el problema no es España, es Italia. En España el Gobierno seguirá porque los aliados de Sánchez le harán las mil perrerías, pero no lo dejarán caer. Saben que si hay anticipo electoral, el PP ganará. Es su temporal seguro de vida. Por el contrario, en Italia hay elecciones la próxima primavera y los cuatro partidos del Gobierno de Draghi, desde la extrema derecha a los populistas de izquierdas, necesitan marcar perfil propio. Draghi empieza a ser ya un pato cojo».

Mi interlocutor ha tenido razón más pronto de lo que creía. Draghi formó su gobierno de unión nacional a principios de 2021 con el objetivo de inspirar confianza a Bruselas y recibir fondos. Lo ha logrado, e Italia creció el año pasado más de un 6%. Gran parte del país, como demuestra la carta de más de 1.000 alcaldes, quería que el milagro Draghi continuara, pero la derecha de Berlusconi y Salvini ha rematado el derribo iniciado por el populismo progre. La derecha cree que ganará las elecciones, anticipadas al 27 de septiembre, y Berlusconi es amigo de Putin. ¿Ha influido?

Lo indiscutible es que el fin de Draghi, un ancla de solvencia en la tercera economía de la UE, con una elevadísima deuda pública del 150% del PIB (el 117% en España), es una pésima noticia. Europa afronta cuatro graves peligros que se superponen: inflación, inquietud por el euro, recesión y escasez de gas.

La inflación se ha desbocado al 8% cuando lo normal era el 2%. Por ello, el BCE se ha visto obligado a subir los tipos de interés un 0,5%, el doble de lo anunciado hace dos semanas. Y a poner en marcha un nuevo programa TPI (compra de deuda, con condiciones, de los países que sean atacados) para evitar que el alza de los tipos de interés vuelva a hacer, como en 2012, que la prima de riesgo de la deuda de los países del sur se distancie demasiado de la alemana y el euro pueda romperse. Es lo que entonces evitó Draghi desde el BCE. Ahora, una cosa es prometer el programa TPI y otra aplicarlo.

El tercer problema es que el BCE debía subir tipos, pero la inflación europea se debe más al aumento del precio del gas y otras materias primas que a un exceso de demanda. Así, el BCE ha subido tipos cuando la economía ya tendía a la baja y el respetado índice PMI de la zona euro, que proyecta el futuro en base a una amplia y acreditada encuesta, ha caído, por primera vez desde febrero de 2021, por debajo del índice 50, la frontera entre expansión y recesión.

¿Dañará así el BCE la economía cuando ya estaba cayendo? ¿Está atrapada Lagarde en una trampa mortal? Puede ser, pero no tenía otro remedio porque el euro se depreciaba frente al dólar (entre otras cosas porque los tipos americanos son más altos), lo que implica el alza del precio de todas las importaciones.

Pero el cuarto jinete es el más apocalíptico. Putin no va a recurrir al arma nuclear porque tiene otra más poderosa. Si el próximo invierno corta el suministro de gas a Alemania y a otros países centroeuropeos, el precio del gas se disparará aun más y toda Europa se quedará a oscuras (entrará en fuerte recesión). De momento, Putin chantajea, no corta del todo el gas (ha reabierto en parte el gaseoducto Nord Stream 1), pero toda Europa tiene miedo de que lo haga. Es lógico, pues los ciudadanos (y electores) no tolerarían la coincidencia de unos precios disparados, una fuerte caída de la actividad por el parón de la industria dependiente del gas, y el racionamiento de las calefacciones.

Por eso Bruselas quiere un plan de ahorro del 15% del gas que parece improvisado y que muchos países, como España, rechazan. Vale, el plan de la Comisión adolece de muchas cosas y debe ser discutido y revisado. Pero, seamos serios, si Putin corta el gas —a medio plazo también sería mortal para él—, el General Invierno cortará muchas cabezas.

Un gran empresario del sector me susurra que Europa puede prescindir del gas ruso, pero solo por dos o tres años. Para afrontar al General Invierno de 2023, el nuevo politburó de Sánchez no basta. España precisa una cierta entente de los grandes partidos. Pero, tras lo de Italia, parece aún más imposible.

Compartir el artículo

stats