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La Opinión de A Coruña

Jorge Dezcallar.

Doble rasero

El presidente Biden ha hecho un viaje a Oriente Medio que le ha llevado a Israel, a los Territorios Palestinos y a Arabia Saudita. No se presumía un viaje fácil y no lo ha sido. Después de decir que el príncipe heredero de Arabia Saudita era un “paria” por su implicación en el brutal asesinato de Jamal Khashoggi, la invasión rusa de Ucrania ha obligado a Biden a hacer de tripas corazón y a viajar a Yeda para pedirle a Mohamed bin Salman, o MbS como se le conoce para abreviar, que aumente la producción de petróleo con objeto de frenar la subida de los precios que amenazan sus expectativas en las elecciones de noviembre. Eso ocurre porque las sanciones contra Rusia afectan a sus exportaciones, y como produce el 11% del petróleo mundial su salida del mercado provoca una contracción en la oferta que ha disparado la cotización del barril de crudo. Por eso Washington ha reiniciado un tímido diálogo con el venezolano Maduro y lo haría también -si pudiera- con el mismísimo diablo, o sea con el Líder Supremo iraní Jamenei, que por ahora continúa fuera de límites.

El problema es doble: por una parte no es posible encontrar petróleo suficiente para compensar la salida del mercado de 3 millones de barriles diarios de crudo ruso. Simplemente no lo hay. Arabia ocurre a Venezuela, porque años de desgobierno chavista han dejado en los huesos a su industria petrolera. El segundo problema es que a estos países —al igual que a Rusia — les beneficia el aumento de los precios que nosotros pagamos en la gasolinera y no están interesados en producir más para que bajen los precios. A título de ejemplo, los ingresos de Argelia por venta de petróleo se han duplicado del año pasado a éste. Les sobra dinero y Riad está cómoda con sus acuerdos con Moscú en el marco OPEP+, sin contar con que el desenganche americano hace que los países de Oriente Medio busquen reforzar sus relaciones con China y con Rusia. Por lo que pueda pasar.

Así que el objetivo principal del viaje no se ha conseguido y el resto en realidad sólo parecía relleno. Biden ha reiterado su compromiso con el gobierno interino de Israel, nada nuevo, y ha dicho a los líderes árabes reunidos en Yeda que los EE UU no se retiran de la región cuando es evidente no sólo que lo hacen sino que además están deseando hacerlo, y por eso respaldan el acercamiento entre Israel y las monarquías árabes del Golfo, que comenta el miedo compartido a Irán. En ese contexto Biden destaca como gran logro la apertura de los cielos saudíes a la aviación comercial israelí.

Lo peor es que este viaje ha reavivado la vieja polémica del doble rasero occidental que no hace mucho denunciaba el embajador de Sudáfrica en la ONU cuando, sin ocultar sus simpatías por Rusia, decía que los occidentales nos rasgamos las vestiduras e imponemos sanciones por la invasión de Ucrania mientras no hicimos nada cuando EE UU invadió Irak. Y cuando Biden le ha recordado su responsabilidad en el asesinato de Khashoggi, MbS ha tenido la cara dura de contestarle que no solo no tuvo nada que ver, sino que ya podía mostrar el mismo interés por la muerte de la periodista Shireen Abu Akleh por un disparo de las tropas israelíes, que Washington trata de silenciar diciendo que no fue intencionado. Son casos que no tienen nada que ver. Pero es que Biden no ha mostrado ningún interés por reavivar el proceso de paz diciendo que “el momento no está maduro” para hablar de dos estados, y dar así luz verde a que continúe la política israelí en los territorios ocupados que hace que cada vez se utilice con más frecuencia el odioso término de apartheid.

Todo esto afecta a la imagen de EE UU y de la Democracia en el mundo. Sinceramente no creo que sacrificar principios a cambio de ventajas coyunturales, como también acaba de hacer Pedro Sánchez en el Sahara, sea el camino para lograrlo. Aunque se disfracen de realpolitik.

Al final “la noticia del viaje” es que Biden no estrechó la mano del príncipe saudita sino que se limitaron a chocar puños. Pobre resultado para una gira que desde el primer momento suscitó muchas dudas.

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