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La Opinión de A Coruña

Natalia Cerezo

El Taiwán de ‘Maleficio’

Quién sabe si porque los aficionados al terror siempre están abiertos a nuevas formas de pasarlo mal o por el atractivo de sus tramas, tan distintas a las del cine occidental. Desde The Ring, de vez en cuando aparece una película de terror asiática que lo peta; esta vez es Maleficio, una peli taiwanesa que ha batido récords de taquilla y que aquí lleva días entre lo más visto de Netflix.

La película en sí no es gran cosa. Tiene los clásicos del terror: niños malrolleros, sectas, metraje encontrado, sustos y una voluntad de implicar al espectador, como ya hizo The Ring con la premisa “si miras esto morirás en una semana”.

Sin embargo, es interesante descubrir los elementos de la cultura taiwanesa que contiene. Es un país donde la religión, la superstición y la tradición se mezclan, quizá por las colonizaciones que sufrió por parte de China, Portugal y, más recientemente, Japón (de hecho, todavía hay abuelos en la isla que hablan japonés). Por ejemplo, el cabello, tan presente en el terror oriental, es una herencia de las supersticiones japonesas que lo relacionan con espíritus femeninos vengativos que ponen en peligro el equilibrio con el mundo de los vivos. Por otra parte, las protagonistas viven en un quinto piso, probablemente porque los edificios taiwaneses suelen saltarse el cuarto, su número de la mala suerte, tan presente en la vida diaria que los números de móvil con muchos cuatros son mucho más baratos que el resto. En Taiwán, como en la peli, tampoco es raro encontrarse en cualquier lugar inesperado un brasero donde se quema papel con forma de dinero para ofrecerlo a los ancestros y a los dioses. Y un amigo me contaba que en su universidad es tradición hacer una limpieza espiritual de la residencia de estudiantes antes de empezar el curso pero, al tratarse de un centro cristiano, quien hace el ritual es Ramon, un sacerdote católico (y catalán) que arroja agua bendita a las habitaciones mientras va repitiendo una especie de mantra que podría traducirse como “en paz”.

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