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La Opinión de A Coruña

Antonio Papell

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Antonio Papell

Religiones y democracia

Aunque la democracia es por definición racionalista y requiere realizarse en un estado laico para ser plena y completa, parece claro que en ella pueden desarrollarse las religiones, siempre que estén dispuestas a acatar las leyes civiles que, por voluntad soberana, establecen el terreno de juego en el que es legítimo desenvolverse.

Esa compatibilidad entre religión y democracia es siempre compleja pero puede producirse si ambos actores, el político y el religioso, son congruentes con sus propias creencias. Así por ejemplo, el Papa actual, Francisco, ha dado pasos de gigante hacia su aclimatación en el mundo actual pidiendo perdón a los indígenas canadienses por los abusos cometidos en centros católicos contra niños nativos, separados de sus padres por razones étnicas y recluidos en lugares infames en que muchos de ellos murieron. Se han encontrado fosas comunes con muchos miles de víctimas de aquella atrocidad.

Pero si Francisco ha devuelto la dignidad a la Iglesia, en otras partes la indignidad se disimula y archiva. En España, sin ir más lejos, no se ve la contrición debida en una jerarquía religiosa que toleró en su día los abusos cometidos contra menores de edad por docentes religiosos en las escuelas de la España negra. Ni se ha escuchado con claridad el reconocimiento del error ni la petición de perdón que debió haberse oído en cuanto saltó a los medios el primer escándalo.

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