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La Opinión de A Coruña

José Manuel Ponte

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José Manuel Ponte

Lo que saben los rusos

Desde que Gila hiciese aquella parodia genial de la guerra, todos entendimos que la brutalidad infinita de los episodios bélicos admitía anotaciones cómicas al margen del relato. Era, seguramente, una forma de evadirse de la realidad. “Oiga, ¿es ahí la guerra?”, preguntaba el humorista, que por todo uniforme llevaba un casco y un teléfono que le servía para mantener conversaciones descacharrantes con el enemigo sobre el alcance de las bombas y cualesquiera otros aspectos del arte militar al que algunos estudiosos llaman Ciencia. En el prólogo de su voluminoso tratado, el general prusiano Carl von Clausewitz advierte al lector inteligente que la obra es fruto de muchos años de guerra, del trato con personas juiciosas y de muchas experiencias personales. Y todo ello presentado de forma muy clara y minuciosa, un valor didáctico que él (y su abuela) califican de “pepitas de oro”. Al margen de la alta estima que se tiene a sí mismo el barón, la guerra que se está desarrollando en Ucrania ofrece situaciones que recuerdan a los monólogos de Gila. Por ejemplo, las declaraciones de altos jefes militares ucranios por la sobrevenida escasez de armamento. “Nos estamos quedando sin munición y los rusos lo saben”, declaró uno de ellos a un medio occidental. Que un ejército se pueda quedar sin munición es una circunstancia no frecuente en los enfrentamientos bélicos. Aunque también pudiera suceder que se trate de una trampa urdida por el presidente Zelenski, el hombre del pijama verde sin mangas, que ya veremos cómo se las arregla cuando empiecen los fríos invernales. En uno de los últimos telediarios se le pudo oír con esa característica voz cavernosa, la enésima petición de armamento pesado a los países de la OTAN. Preferentemente, tanques, aviones y misiles. Por pedir que no quede. Los que siendo escolares vimos en el cine los enfrentamientos a tiros entre el sheriff y sus ayudantes contra los pistoleros contratados por el ganadero que no quería compartir el agua para el ganado con sus vecinos. Y lo mismo nos ocurre con los tiroteos entre la Policía de Nueva York y los mafiosos de ascendencia siciliana. El protagonista suele estar a cubierto del pistolero en una posición de clara desventaja y cada vez que asoma la cabeza el oponente le obliga a retirarla con un disparo. Afortunadamente, el protagonista lo sabe casi todo en materia de armas y sin perder la calma ha ido contando el número de disparos que ha recibido de su enemigo. Doce en total. Entonces, al oír el ruido metálico del percutor que avisa de su vaciado, sale de su escondite y se abalanza sobre el pistolero al que deja fuera de juego con un certero puñetazo. Bien, no dudo que en el cine, o en la realidad, pueda darse un caso como el que comentamos que se desarrolla entre poca gente, pero ¿cómo hacen los rusos para averiguar con detalle qué cantidad de armamento despliega el ejército ucranio? Si fuera cierto, lo que dicen en los medios, la victoria estaría a su alcance.

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