Se les saluda en este nuevo día, amigos y amigas. Seguimos al tanto de una actualidad que, como es clásico por estas fechas, adquiere ahora un nuevo tinte más vacacional. Incluso más pausado, diría yo, aunque en este momento de tanta crispación, confrontación y dificultades ya hay tregua para muy poco, por lo que se va viendo en estos últimos días. Pero bueno, agosto ya está aquí y ya saben que el mismo marca siempre un Rubicón que imprime carácter... Tiempo de solaz, pues, de ralentización de casi toda la maquinaria administrativa, productiva y comercial de este país y, para los que pueden, de descanso. Y digo para los que pueden porque no olviden que es en estos días cuando otra buena parte de nuestros conciudadanos y conciudadanas más trabajan, en sectores bien definidos: la hostelería, en general, todo lo relacionado con el turismo y buena parte del sector servicios. Ahí se juegan... todo.

Precisamente de estas cosas quiero hablar yo hoy con ustedes. De turismo, que bienvenido sea desde la perspectiva de la dinamización económica o del intercambio sociocultural, sin que quepa duda de ello. Pero también de sostenibilidad, tanto desde el punto de vista medioambiental como social, que a veces no se lleva bien con situaciones límite en las que el primero de los factores de esta ecuación —el turístico— sufre tal crecimiento que compromete recursos, capacidades y potencia del destino, y hasta el bienestar del conjunto... Porque no olviden que también es posible morir de éxito en la cuestión turística. ¿Es esto lo que nos está empezando a pasar en Galicia?

Pues ustedes dirán, porque yo aquí solamente me hago preguntas... Seguro que respuestas, hay muchas, variadas y que casarán difícilmente. Y las mías, por supuesto, son solamente las de otra persona más, puestas sobre la mesa con el ánimo de sumar. En tal línea, déjenme que les pregunte: ¿No notan ustedes que nuestra Galicia, antaño minoritaria en eso del turismo, empieza a superar ciertos límites en bastantes zonas? ¿Estamos empezando a morir de éxito? Y con esto me refiero, por acotar, a llegar a una situación tal que comprometa aquellos recursos turísticos que, en principio, formaban parte del atractivo o el interés del lugar. O, en un grado más avanzado de tal proceso, a poner en peligro lo más importante: los recursos naturales, la sostenibilidad ambiental o la posibilidad de convivencia tranquila y sosegada... ¿Nos está empezando a ocurrir?

Yo sí creo que la gran promoción de Galicia como destino turístico en los últimos tiempos, unida a la buena calidad general del producto, junto con una climatología mucho más dulce y menos rigurosa que la de otras zonas, están empezando a generar una situación con algunos signos de alarma. ¿Han tratado ustedes de dar un paseo tranquilo por determinadas villas costeras de la provincia de A Coruña, por poner un ejemplo? Les aseguro que a veces es un ejercicio imposible, con muchas dificultades para realizar cosas tan sencillas como aparcar un automóvil, obtener dinero en un cajero automático o comer fuera. ¿De disfrutar de determinadas playas antes salvajes y tranquilas de su entorno? Imposible lo uno y lo otro, con el consiguiente perjuicio para residentes y visitantes. No digamos, entonces, qué ocurre en otras localidades mucho más intensivas en lo turístico, como Sanxenxo, o en la joya de la corona, Santiago de Compostela. ¿Se está reproduciendo en ellas la sensación o la realidad de “parque temático” que ya ha agobiado previamente a la ciudadanía de las más importantes mecas turísticas del mundo? Y es que hay casos paradigmáticos por lo invivible de su día a día, como Venecia o Barcelona... ¿Ocurre esto en Santiago, aunque esto esté más focalizado en determinados períodos?

Lo que está claro es que es muy fina la línea entre un aprovechamiento turístico óptimo, donde los recursos públicos y privados puedan ser rentabilizados y dar sus frutos sin comprometer la sostenibilidad de todo ello a distintos niveles, y una avalancha generalizada, que llegue a dar al traste con tales esfuerzos. Pasó antes en parte del Mediterráneo, por ejemplo, y tal fenómeno puede llegar aquí. ¿O ya ha llegado? A veces, viendo la extraordinaria cantidad de personas que se juntan en muchos de nuestros lugares emblemáticos, lo parece...

En fin... Pues ya me contarán ustedes. Al fin y al cabo, hay tantos puntos de vista como seres humanos. Pero les pediré un favor en sus análisis... no me pongan las luces cortas, las del “aquí y ahora” o las del “porque yo lo valgo”. Véanlo con cierta perspectiva para opinar, teniendo en cuenta no sus intereses concretos en este mismo momento, sino también la viabilidad de los mismos a medio y largo plazo, así como las consecuencias para el entorno y el conjunto de la sociedad. Y es que se trata de debatir para construir, no de hacer un ejercicio vacuo, de echarse las cosas a la cara o de lastimar...

Feliz mes de agosto, queridos y queridas. Aún no se lo había deseado, y eso siempre por encima de todo. Feliz agosto sostenible y vacacional.