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La Opinión de A Coruña

José Manuel Ponte

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José Manuel Ponte

Agosto, un mes homicida

Con la arribada del mes de agosto al calendario comienza la cuenta atrás del verano. Las administraciones públicas, que ya adolecían de un paso cansino en la tramitación de los asuntos que le son propios, prácticamente se ha parado; muchos negocios cerraron o aprovechan para dar vacaciones a sus empleados ; en las oficinas de apuestas del Estado empiezan a colocar carteles anunciando la Lotería de Navidad . (Prospera la creencia de que lo premios pueden caer en los lugares que visitamos durante nuestros días de ocio y alternativamente en los lugares donde se produjeron trágicos accidentes, incendios o crímenes horrorosos). Las supersticiones tienen tal fuerza que hay establecimientos, como Doña Manolita en Madrid o La Bruja de Sort en Lleida, en los que siempre toca algo dado el altísimo número de decimos que allí se despachan. En la ciudad donde yo nací se dio el caso extraordinario de que el Gordo de Navidad le tocase a un financiero que ademas de ser el dueño de la banca regional, de los astilleros, de los tranvías y de incontables empresas y negocios, era también amigo del dictador que ocupaba la jefatura del Estado. Al menos eso es lo que se daba por cierto al no aparecer ningún beneficiado con el premio. Comprar el número entero y luego esperar tranquilamente a que los niños de San Ildefonso lo saquen del Bombo dando gritos de alegría es una excentricidad que solo un multimillonario con poderosas influencias puede permitirse. En aquel tiempo, circuló el rumor de que el dinero del premio había servido para tapar un agujero económico sin dejar rastro. Al fin y al cabo era un dinero caído del cielo, como lo son todos los que dependen del azar . Aunque nos consta que el azar también admite ayudas e indicaciones Este año, agosto que era tradicionalmente un mes homicida llegó precedido de una pandemia de coronavirus que obligó a la gente a recluirse en su domicilio durante tres meses; de una erupción volcánica en la isla de la Palma que obligó a abandonar casas y cultivos ante el avance imparable de ríos de lava; de una ‘pertinaz sequía’ como la que describió el general Franco para justificar la construcción de numerosos pantanos; ( Paco el Rana le llamaba la oposición clandestina por su afición a ir saltando ir de un pantano a otro); de la crisis económica; de la transición energética; del sorprendente y vergonzoso cambio de postura respecto del Sahara Occidental; asumiendo las tesis de Marruecos y, se adivina, de Estados Unidos —que en una etapa anterior entregó a Washington los importantísimos yacimientos de fosfatos, el rico banco pesquero sahariano donde faenaba la flota pesquera española; de las reservas de gas y petróleo y de tantas cosas mas—. Únase a ello, los efectos de la Guerra de Ucrania que está contribuyendo a emponzoñar las relaciones internacionales y tendremos a la vista un panorama muy poco apetecible. Lejos queda ya la adaptación de la película La casa de te de la luna de agosto que dirigió Daniel Mann e interpretaron en los principales papeles Marlon Brando, Glen Ford, y Machik. o Kio. La obra tenia el objetivo de dar una visión poética y humorística de la ocupación por Estados Unidos del derrotado País del Sol Naciente después del lanzamiento de dos bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.

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