Kiosco

La Opinión de A Coruña

Preguntas inútiles

Las recientes acciones de la Justicia norteamericana al incautar documentos del expresidente Donald Trump parecen un freno a las ambiciones presidenciales del exmandatario quien, por el momento, se muestra interesado en volver a la Casa Blanca.

Parecería que sus enfrentamientos con la Justicia harían más difícil su regreso a la primera magistratura del país, pero los demócratas pueden exagerar en sus posiciones y provocar tal resentimiento en los sectores conservadores que favorezcan las ambiciones políticas del magnate neoyorquino.

Es fácil para Trump y sus seguidores presentarse como víctimas de una caza de brujas: Hillary Clinton, la candidata que perdió las elecciones presidenciales contra Trump, no tuvo que responder ante la Justicia por haber destrozado documentos comprometedores, ni por haber manipulado y engañado a la opinión pública para perjudicar a Trump.

Por otra parte, al ministro de Justicia y Fiscal General, Merrick Garland, se le podría echar en cara que tiene un hueso que roer contra los republicanos: a finales de 2016 fue nominado por el entonces presidente Obama para una vacante del Supremo, pero la mayoría republicana en el Senado bloqueó el nombramiento y este sería su momento de venganza.

La frase “república bananera” ha estado en boca de casi todos los republicanos que condenaron la entrada del FBI en la residencia de Trump en Florida, El expresidente, que no estaba allí, no tardó en calificar el hecho de atropello y avisó a los norteamericanos de que las libertades a que están acostumbrados y que hasta ahora les parecían garantizadas, están en peligro.

Ciertamente, el FBI y el Ministerio de Justicia podrían haber hallado fórmulas menos espectaculares para hacerse con los documentos que Trump tenía en su casa, pero muchos creen que tales acciones reducen las posibilidades de Trump de presentarse nuevamente a las elecciones presidenciales. Por otra parte, los promotores de esta acción del FBI seguramente no consideraron la polarización que semejante orden provocaría.

O tal vez sí lo tuvieron en cuenta: las posibilidades de los demócratas en las elecciones parciales de noviembre son escasas y tal vez buscan un revulsivo para aumentar la participación dentro de sus filas.

Lo cierto es que, en el ambiente político del momento, cualquier daño que se le pueda hacer a Trump parece aceptable a los demócratas más radicales, mientras que ningún daño es tolerable para sus incondicionales republicanos.

Entre los votos moderados hay quienes advierten que nadie, ni siquiera un expresidente, está por encima de la ley. Pero, eso sí, tampoco está por debajo. Creen que esta acción es abusar del poder del momento para someter a un presidente a la caza de brujas y que puede ser contraproducente.

Entre tanto, las encuestas animan a Trump. Muchos lectores se habrán preguntado por qué los sondeos de opinión no se materializan muchas veces. Una opinión muy extendida es que las encuestas están compradas y que las agencias demoscópicas simplemente generan resultados a gusto de sus clientes.

Ciertamente esto se da en algunos o muchos casos, pero también podría ocurrir que las preguntas no se refieran a la realidad. Es algo que ocurre ahora en Estados Unidos, donde las encuestas dejan bien claro que Donald Trump, quien perdió las elecciones hace casi tres años, sería ahora el favorito del votante norteamericano.

Y esto es cierto, pero solo en parte. Porque es verdad que si las elecciones presidenciales fueran hoy, Trump se llevaría más votos que Biden, pero semejante posibilidad merece poca atención porque una nueva carrera entre ambos es improbable. Es decir, que el problema con este planteamiento no es la ventaja que Trump pueda tener frente a Biden, sino que semejante votación probablemente nunca se dará.

En parte porque no está claro, a pesar de las alas que le han dado los últimos acontecimientos, que Trump vuelva a presentarse. Y es casi seguro que Biden no lo hará: las sospechas de senilidad, ya presentes en 2020, se han vuelto hoy manifiestas.

La pregunta es quiénes tratarán de llegar a la Casa Blanca en 2024. Trump planea como una amenaza, no para el país, sino para las filas republicanas pues difícilmente ganaría otras elecciones presidenciales. Porque, de presentarse un republicano con verdaderas posibilidades, Trump en la práctica sería como un tercer candidato que restaría votos a este candidato y ayudaría de esta forma al aspirante demócrata.

Y la influencia de Trump puede existir incluso si no se presenta: sus partidarios podrían sentirse tan dolidos que se abstendrían de votar, lo que garantizaría una victoria demócrata.

Compartir el artículo

stats