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La Opinión de A Coruña

Ánxel Vence

Crónicas galantes

Ánxel Vence

Otra vez la pertinaz sequía

Taimados y probablemente antifranquistas, los meteorólogos de la época de la dictadura solían anunciar la llegada del frío con la frase: “Reina un fresco general procedente del Noroeste”. Aquel fresco general al que tal vez aludiesen los traviesos hombres del tiempo era Franco, muerto hace casi medio siglo. Ya no hay fresco que nos alivie del calor y quizá sea esa una de las razones de la sequía que se ha abatido inevitablemente sobre España.

No es cosa nueva, aunque lo parezca. El propio caudillo solía atribuir cualquier revés económico al efecto de la “pertinaz sequía” que cada cierto tiempo afligía a los españoles. Aquella era una recalcitrante conspiración de nubes contra el franquismo a la que se unían las urdidas por los judíos y masones, incansables en su labor de zapa del régimen. La de ahora ha de ser, por fuerza, una sequía imputable al ruso Vladimir Putin, que a fin de cuentas fue coronel del KGB y algunas mañas debe de conservar de su etapa profesional como espía soviético. Prueba de ello es que no solo ha caído sobre España, sino sobre el resto de Europa que apoya a Ucrania ante la despropositada invasión de las tropas rusas.

Más de la mitad del continente se encuentra en aviso o alerta por la falta de lluvias, que a juicio de quienes hacen esos cálculos, sería la peor sufrida por los europeos en los últimos 500 años. Nada menos.

Ni siquiera las frías islas británicas se libran de este azote del calor que lo evapora todo. El Gobierno transitoriamente presidido por Boris Johnson, que así acrecienta su fama de gafe, se ha visto obligado a restringir el agua a gran parte de sus ciudadanos. No están mucho mejor en Alemania, donde podría interrumpirse el tráfico fluvial en el Rin; o en Italia, que ha declarado el estado de emergencia ante la fuerte bajada de nivel del río Po.

En lo que afecta a España, las reservas de agua han caído por debajo del 40 por ciento, descenso que no se recordaba en un mes de agosto desde el ya lejano año 1995. Los pantanos se han vaciado hasta el punto de que en algunos de ellos emergen los pueblos anegados en su día para construirlos. Incluso la húmeda Galicia de lluvia y calma afronta, como el Reino Unido, la eventualidad de un racionamiento del agua, a la espera de que el cielo se apiade y decida darles un ordeño a las nubes.

Tan grave es la situación que hasta podría superar a la del año 2007, cuando la ministra entonces encargada de Medio Ambiente calificó aquella sequía como la más grave de las que habían afectado a España en su historia. Aunque también cabe la posibilidad de que exagerase un poco.

Como quiera que sea, el ayuno de lluvia y el correspondiente desecamiento de ríos y pantanos ha caído sobre España —y Europa en general— tal que si fuese una de las siete plagas bíblicas.

Nos queda, como siempre, el recurso al ingenio de los chinos, que el año pasado provocaron con éxito la lluvia sobre Pekín mediante una inyección de sales de plata en las nubes. Siempre que haya nubes para provocar ese efecto, claro está. De lo contrario, no habría más remedio que volver a las tradicionales procesiones en rogativa de la lluvia, de éxito no siempre asegurado. Desenterrar a Franco no es una opción.

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