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La Opinión de A Coruña

Matías Vallés

al azar

Matías Vallés

Todo sirve, pero no todo basta

El Dalai Lama presumía de apagar meticulosamente las luces de su habitación de hotel, en la conciencia de que era una aportación mínima pero válida a la contención energética. El comportamiento de los millones de personas que practican esta estrategia glocal es admirable, siempre que no se considere una solución para la civilización del exceso que asfixia al planeta. Es tranquilizador imaginar que un comportamiento homogéneo en pos del ahorro invertirá las tendencias desbocadas, y sintetizadas en el calentamiento global. También es erróneo, por lo que esa falsa seguridad que aprendimos a barajar con la pandemia se vuelve contraproducente y empeora la situación de partida.

Para curarse, el mundo necesita un revulsivo de orden científico y de tal proporción, que los gestos del Dalai Lama y de sus millones de seguidores se vuelvan insignificantes. Todo sirve en la situación actual, en la misma proporción en que valoramos un día más, pero no todo basta. Nos emocionan las pequeñas aportaciones, las admiramos y las glosamos como si fueran una exaltación de la calidad humana y no solo un estertor residual. Derrapamos hacia la convicción de que un animal capaz de tales desvelos no merece el castigo de un fracaso colectivo. Y perdemos un tiempo precioso por confundir lo necesario con lo suficiente.

Decir que el planeta tiene remedio es falso por usar la tercera persona. No solo estamos implicados hasta el límite de jugarnos la supervivencia como especie, sino que formamos parte integral del conjunto vivo a salvar. Ante esta misión agigantada, los caminos espontáneos pero ilusorios implican un elevado gasto energético y no orientan hacia la salida del laberinto. Se precisa seguramente la figura titánica y tiránica de un Elon Musk, que le dé la vuelta a un supuesto fundamental de la naturaleza con una nueva ley, aunque sea bajo la pretensión única de enriquecerse. La insolencia tan frecuente de proponerse doblegar el cambio climático como si fuera una mascota, equivale a garantizar la inmortalidad del ser humano. Todo sirve, pero no todo basta.

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