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La Opinión de A Coruña

José Manuel Ponte

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José Manuel Ponte

Las pesadas moscas de Pontevedra

Para los que somos veraneantes de abanico, botijo y siesta, como quería Alfonso Guerra para la militancia socialista ,en España y en agosto, no se puede hacer otra cosa que pasar calor y matar las moscas mas picajosas. ¡Que a estas alturas del calendario ya lo son casi todas, incluidas esas que mas que picar muerden a los despelotados veraneantes!. Un etólogo amigo, que anda muy preocupado con los efectos perversos del cambio climático y la creciente extinción de las especies, llegó al extremo de utilizar una lupa para examinar el cadáver de una de las moscas que había abatido (utilizó el verbo, “abatir’’, en el mismo sentido que lo hace la policía cuando mata a tiros a los terroristas) y, de paso, demostrar que los odiosos insectos no tenían ni dientes ni mandíbulas con que mordernos. Ahora que se habla tanto de drones, de misiles, y de otros objetos voladores perfectamente identificados con los que destrozar vidas y haciendas en la Guerra de Ucrania, cumple hacer un elogio de las habilidades de este díptero durante los 28 días de vida que le concedió la naturaleza. Y ya quisieran los helicópteros de combate, o los utilizados en la extinción de los incendios, en el control del trafico o el traslado de enfermos a los hospitales, disponer de unos aparatos dotados de una maniobrabilidad sin competencia.. Cualquiera que, armado con un matamoscas reglamentario, o con un periódico enrollado, intente diezmar la aérea flotilla invasora, sabe de las dificultades de llevar adelante tan arriesgada misión. Seguramente es mas fácil acabar rompiendo en pedazos un jarrón de porcelana, o una copa de cristal de Bohemia, antes de alcanzar de lleno el diminuto cuerpo del insecto (entre 6 y 7 centímetros). Y lo peor del asunto es que el acosado parece disfrutar con las maniobrase de evasión en la seguridad de que los reflejos del acosador son mucho mas lentos. Las moscas, por su astucia y por su inteligencia militar, son una referencia obligada cuando queremos describir una peripecia que precisa especial atención y mucho disimulo. “Por si las moscas” decimos cuando queremos extremar la precaución; “¿Que mosca te ha picado?” si se trata de buscar explicación a un brote de desconfianza; “Eres mas pesado que las moscas” le reprochamos a un pelmazo; “Parece una mosquita muerta” le aplicamos a una mujer que utiliza el disimulo para aparentar unas cualidades que seguramente no practica En Brazil, una “película de culto” como ahora se dice, las primeras imágenes nos muestran a un oficinista persiguiendo a un moscardón especialmente molesto entre los enormes ordenadores de los primeros tiempos de la informática. Al fin, consigue matarlo pero el cadáver del moscardón atasca una larguísima hoja de papel continuo. En la escena siguiente una familia de gente tristísima (el matrimonio y dos hijos) ve la televisión hasta que un comando antiterrorista (o terrorista) entra en el piso y se lleva detenido al pater familias. Se supone que hubo una confusión al elegir a la víctima en una sociedad crecientemente robotizada. En una tertulia madrileña donde se discutía sobre la pesadez de las moscas el humorista gallego don Julio Camba opinó que las mas pesadas de todas eran las Pontevedra. Por cierto —dijo-— veo que vienen hacia aquí. Se levantó y se marchó apresuradamente .

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