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La Opinión de A Coruña

Javier Cuervo

un millón

Javier Cuervo

Ana Blanco nos respetaba

En casa siempre fuimos muy de Ana Blanco, la mujer que vivía dentro del Telediario y dentro de él se la veía lo justo y fuera, nada.

Han pasado por ella 30 años de informativos públicos sin romperla ni mancharla, como debe ser y no siempre es: se rompió Sáenz de Buruaga y se manchó Alfredo Urdaci, por poner dos ejemplos. Ana Blanco está como nueva y eso que, en tres decenios, los informativos públicos han pasado a convertirse en 25 minutos monográficos de algo y, luego, lo demás; han dejado de ser ventana para ser espejo y en lugar de enseñarnos lo que ignoramos nos reflejan lo que sabemos: que la luz está cara, que nadie llena el depósito del coche, que no se llega a final de mes y que en toda la vida no hemos pasado tanto calor en agosto, todo dicho en boca de españoles que sonríen porque les cae una pregunta del temario que se saben y porque van a salir en el Telediario.

A Ana Blanco le echaron abajo las Torres Gemelas en directo y se vino arriba en un pulso agotador e inagotable. Le tocaron los años de plomo de la pesada información antiterrorista (aburridísima y adoctrinadora, como si hiciera falta) sin que le subiera la temperatura corporal ni el tono de voz ni se le despeinara el cortinaje de su espesa media melena. Eso es saber estar. Cuando alguien se encuentra cómodo no anda como Pedro por su casa sino como Ana Blanco por su Telediario, donde últimamente recibía a los espectadores de pie y andando para que lucieran esos fondos virtuales que no dicen nada bueno de la verdad de lo que vamos a ver. Manda la tecnología de última generación al servicio de periodismo emocional de primera generación. Como vuelve Españona a banderazos quién sabe si su sucesora recibirá a los espectadores a puerta gayola y olé.

Su marcha es una decisión personal tan respetable como intolerable sería su salida por una decisión empresarial porque cuando Ana Blanco estaba, nunca más de la cuenta, con isotermia informativa, discreción personal y austeridad cromática, cumplía con su trabajo y respetaba a los espectadores. Gracias y suerte.

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