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La Opinión de A Coruña

Matías Vallés

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Matías Vallés

Feijóo se queda sin trabajo

Alberto Núñez Feijóo no sufre un tic, su nerviosismo revela la hiperactividad impostada de quienes no tienen nada que hacer. El presidente popular ha liquidado la triste era Casado, ha obtenido la mayoría absoluta sin necesidad de Vox en Andalucía, ha colocado al PP con diez puntos de ventaja sobre el PSOE en la Liga estatal. Puede gritar “misión cumplida”, con más motivos que George Bush a bordo del portaaviones Abraham Lincoln tras la liberación a muerte de Irak. A cambio, ahora resulta que no hay elecciones en lontananza, por lo que el mayor triunfador de la política española se queda sin trabajo.

Feijóo comparte la incertidumbre de los fijos discontinuos. En cuanto ha acabado la temporada, se encuentra con sueldo pero sin expectativas, obligado a confiar en que volverá a ser contratado. Para que consiga un trabajo, la situación tiene que empeorar, por lo que se convierte en jinete obligado de la destrucción. Por muy galaico que sea su temperamento, enfrentarse a un año y medio en barbecho requiere mayor fortaleza de ánimo que la regeneración del PP. ¿Quién desearía enfrentarse al absurdo de encabezar las encuestas electorales durante 18 meses consecutivos, mientras el previsible perdedor gobierna tan tranquilo? El líder de la derecha está a punto de contagiarse del síndrome de Carlos de Inglaterra, heredero a perpetuidad.

La solución ha llegado del lugar más inesperado. Se desconoce cuántos puestos de trabajo ha creado Pedro Sánchez, pero acaba de concederle un empleo a Feijóo, el de antagonista en un remedo del Debate del Estado de la Nación desterrado al Senado. La oferta laboral le llega al presidente del PP cuando ya había adquirido maestría en hacer la estatua, en un centro político tan ideal como inestable, hablando de «territorios» como si se hubiera convertido al federalismo sin avisar. Solo planteó un duelo al socialista en la convicción de que sería rechazado. De hecho, había empezado el curso en Galicia con la frase aliviada de “yo no me examino este año”. Sánchez le ha obligado a examinarse de selectividad, y a Feijóo le conviene aprobar si no quiere convertirse en el político que más a punto estuvo de conquistar La Moncloa.

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