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La Opinión de A Coruña

José Manuel Ponte

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José Manuel Ponte

Un personaje controvertido

Muere a los 91 años, Mijail Gorvachov personaje controvertido que es considerado por algunos como el agente destructor (quizás involuntario) de la Unión Soviética y por otros como el fracasado promotor de un proyecto de evolución del comunismo ruso hacia el socialismo moderado, es decir, de ese socialismo que acepta el papel de gestor del capitalismo, con la intención (eso dicen) de moderarlo en sus excesos. ¿Era eso factible, teniendo en cuenta la concurrencia de poderosos intereses económicos y políticos en el mismo espacio? Parece que no. Para empezar, el proyecto político de Gorbachov nunca fue debatido a fondo en el seno de las instituciones soviéticas y tan solo trascendieron a la opinión pública rusa dos conceptos abstractos y de casi imposible aplicación en la práctica como Glásnost (Transparencia) y Perestroika (Libertad).

A esos dos pilares del atractivo edificio institucional a construir en el futuro se le añadió la llamada “casa común europea”, un refugio para peregrinos políticos que partiendo de caminos distintos acaban por rendir viaje ante el sepulcro de Lenin. Dejando a un lado la versión metafórica de aquel proceso, lo cierto es que a Gorvachov de le atribuye el mérito de haber dado por concluida la Guerra Fría, negociar con el presidente norteamericano Ronald Reagan la reducción del armamento nuclear, tolerar la independencia de los llamados países satélites y la disolución del pacto de Varsovia, organización militar opuesta a la OTAN. Por ultimo, propiciar la reunificación de Alemania con el pacifico derribo del Muro de Berlín. ¿Puede calificar ese terremoto geopolítico como la obra genial de un hombre de Estado? O por el contrario, ¿se trata de la prueba evidente de su debilidad? En la transformación de un Estado totalitario en otra entidad más o menos democrática, el líder político de ese proceso parte con la ventaja de ir repartiendo parcelas de poder. En España, y en un tono menor, dado que el Estado franquista no puede compararse con el inmenso Estado soviético, pudimos observar el funcionamiento de ese intercambio. El presidente Suárez , que pasó de secretario general del Movimiento a jefe de Gobierno tras las primeras elecciones libres, negoció con los representantes de la oposición democrática delicados asuntos sin que quede claro cuales son sus límites legales ni su sistema de financiación. Y todos los que le siguieron en el cargo (González, Aznar, Zapatero, Rajoy y Sánchez) han utilizado el mismo sistema, porque los Estados (y sobremanera los totalitarios) tienen muchas cosas apetecibles para ceder, desde el Depósito de Sementales al Servicio Nacional del Trigo. La popularidad de Gorbachov en los medios de comunicación occidentales estuvo en alza desde las primeras apariciones en público con su esposa Raisa, con la que formaba una pareja muy atractiva. Las masas lo adoraban y los gritos cariñosos de Gorbi, Gorbi los acompañaban en todos sus viajes. En cambio, en Rusia, una buena parte de la población lo detestaba, calificándolo en algunos foros de “traidor”. El final de su carrera política fue triste y lamentable. Yeltsin lo sacó a empujones del atril desde el que se dirigía al Parlamento. Y el Día de Navidad de 1991 tres mafiosos, el presidente de Rusia, Boris Yeltsin; el presidente de Ucrania, Leonid Ravchuck, y el presidente de Bielorrusia, Stanislav Shushkkevich, firmaron en una cabaña de un bosque bielorruso la disolución de la URSS. Después, llamaron al presidente de Estados Unidos W. Bush para comunicarle la buena nueva. Ahí comenzó el saqueo.

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