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La Opinión de A Coruña

José Luis Quintela

Shikamoo, construir en positivo

José Luis Quintela Julián

¿Tres días de luto oficial en Madrid? ¡Un dislate!

Buenos días, queridos y queridas. Nueva jornada y nuevo ejemplar del periódico y, como es sábado, volvemos a vernos. Por mi parte, un absoluto placer, ya saben, compartir estos ratitos de miércoles y sábado hablando de las cosas que nos importan. O de las que no tanto. Y es que, miren... lo importante es hablar. Comunicarnos. Exponer nuestras ideas, confrontarlas con las de los demás y, a partir de ahí... aprender. Aplicar el ejercicio hegeliano de la tesis, la antítesis y... la síntesis. Y crecer tanto individual como colectivamente. Creo que ese es el único camino para mejorar, y por eso lo practico.

El punto de partida de la reflexión de hoy es el fallecimiento de la longeva Reina Isabel II. Un hecho histórico en el que estos días todos los medios de comunicación fijan su atención, tanto por la enorme proyección del personaje como por la repercusión que tendrá tal acontecimiento en el futuro de su país. No tanto por el papel real de la Reina en el contexto de una monarquía parlamentaria, sino por los valores y actitudes asociados a su persona, tan distintos de los que se presuponen, y que se han ido viendo ya en estos años, de su sucesor. Carlos III será, sin duda, un rey con personalidad propia, pero seguro que bien diferente a la de su madre.

No me voy a meter ahora en consideraciones sobre la monarquía como forma de gobierno, porque si me han seguido mínimamente en estos veinte años sabrán que la misma me parece manifiestamente inmoral. ¿Por qué? Pues porque antes, con el absolutismo y el despotismo, el o la monarca lo eran por la gracia de Dios. Pero ahora, ¿a cuento de qué se puede articular que una familia en cualquier país, que a veces no destaca precisamente por sus ejemplarizantes virtudes, se erija en cabeza, guía y faro de todo un pueblo que se define como democrático? Es difícil de explicar, se ponga quien se ponga como se ponga... Tanto como aceptar que el vector paterno o materno filial asegura no solamente templanza, preparación o capacidad, sino también decencia y espíritu de servicio. En ningún caso esto es así, y la Historia nos colma de ejemplos en tal sentido.

Pero no, este artículo no va de eso. Lo que es evidente es que el Reino Unido es hoy una monarquía parlamentaria y ya está, por cierto con una envidiable tradición democrática. Y que, fallecida la Reina y con las actuales reglas del juego, su hijo ocupará el trono. Punto. Es lo que hay. Y, en tal tesitura, es normal que la noticia haya despertado tanto interés, y que las naciones se apresuren a manifestar su aprecio y su reconocimiento institucional a ese país, y que televisiones y medios de todo el mundo se dispongan a dar amplia cobertura a los hechos.

Lo que no me parece de recibo, y sobre eso sí que centro hoy mi reflexión, es el fenómeno que se está dando hoy en España, donde cada uno juega en su liga y con las normas que se inventa en su “reino de taifas”. Que ciudades como Madrid, por obra y gracia de su gobierno autonómico, hayan decidido declarar tres días de luto oficial no es, para mí, justificable. ¿Por qué? Pues, primero, porque las competencias en política exterior son del Gobierno, no de las comunidades autónomas. Segundo, porque la relevancia de la Reina de Inglaterra dentro de la vida institucional de una ciudad española, aunque sea la capital, es inexistente. Y, tercero, porque hay que tener en cuenta que Isabel II visitó solamente una vez España y que las relaciones, independientemente de los vínculos familiares dobles de la familia real británica con la española, no han sido precisamente las mejores, enturbiadas permanentemente por asuntos como el de Gibraltar.

Pero quedémonos, sobre todo, con la primera de las razones. No cabe duda de que Isabel II es un personaje relevante de los siglos XX y XXI en la Historia pero... ¿es eso razón para decretar, por narices y “porque yo lo valgo” algo que debería estar tan tasado como un luto oficial? Yo, honestamente, entiendo que aquí no toca. Entiendo que haya luto oficial en Liverpool, Londres y en Gibraltar. Pero... ¿en Madrid? Y, ¿por qué no en Cuenca? ¿Y en Cuspedriños de Abaixo?

Miren, con estas cosas yo muchas veces tengo la sensación de que hay personas que se apuntan al carro para ganar tantos propios, no para honrar realmente a quien dice que le importa. Es como cuando un premio de medio pelo es otorgado a la autoridad mundial referente en determinada materia... ¿Se hace para honrar o, en cambio, para apuntarse al carro de lo “guay” y, si se deja, tener al “vip” en cuestión en tu ciudad y hacerse con él fotografías? Pues por ahí van los tiros, me parece. No toca que Almeida tiña con la Union Jack La Cibeles, que Ayuso decrete tres días de luto oficial en Madrid o que Andalucía, por lo que he leído, haga lo propio veinticuatro horas. Me parece un dislate y un error histórico. Institucionalmente Isabel II, por la que me apeno en cuanto a lo humano, no es relevante en Madrid, por mucho que despierte la simpatía y el reconocimiento de sus regidores o de una parte de su población. Y no ha destacado, precisamente, por su enorme apoyo al país, a esa ciudad o, lo que es más importante, a sus ciudadanos. Y, aún así, tampoco estaría justificado esto. ¿Por qué se hace, entonces? Bueno, que cada cual dé sus explicaciones.

Lamento profundamente la pérdida de la vida de una persona, de cualquier persona. Entiendo claramente el papel de Isabel II en la historia de su país y de Europa. Comprendo la lógica del momento de cambio y reconocimiento en el Reino Unido. Y, a partir de ahí, demos al César lo que es del César y... centrémonos en lo que toca, que es mucho y acuciante, más allá de gestos emocionales que salen gratis.

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