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La Opinión de A Coruña

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Bésame hasta que...

“Son movimientos de grandes masas a mínima velocidad. Como los trasatlánticos al atracar, que avanzan a velocidad de centímetros por hora”, explican los profesores de Física. Un ejemplo equivalente sería Rusia. Son movimientos a velocidad ínfima pero algo se desplaza. En el aparente témpano de hielo ruso pasan cosas como éstas: un centenar de concejales del área de Moscú y de San Petesburgo firmaron un escrito en favor de que se pare la guerra y de que dimita Putin. En paralelo, el búnker comunista le ha pedido más movilización en Ucrania para acabar con Zelensky. Y el jueves pasado, Putin pudo medir una cierta distancia en el líder chino Xi Jimping y tuvo que concederle una frase reveladora: “Comprendemos vuestras preguntas y preocupaciones” (por la situación en Ucrania, se entiende). Todo esto es aún poco trascendente, pero no existía antes. Algo se mueve lentamente en contraste con la velocidad con la que en Occidente crece la inflación, el temor a una guerra de dos años y la montaña de un invierno con riesgo de calefacción insuficiente. Así está la caldera del mundo.

Bésame hasta que...

El asunto de fondo es que Ucrania no se rendirá y que Rusia no puede aceptar su derrota. A ver cómo se sale de ahí, conversábamos con Josep Borrell, Alto Representante de la Unión Europea para Exteriores y Seguridad. Estados Unidos está cómodamente instalado en este conflicto vendiendo gas caro, fabricando armas y reforzando posiciones territoriales con la ampliación de la OTAN a países fronterizos con Rusia, como Finlandia y Suecia. Europa paga la factura de mayor inversión militar, inflación disparada y crisis energética. Rusia pierde en masa a jóvenes bien formados que prefieren emigrar, denunciaban los concejales, dolidos porque “ahora el país es más temido y odiado en el mundo”. Todo eso es cierto y genera algún movimiento, aunque demasiado lento.

Entretanto en Europa pueden cambiar gobiernos. En Suecia, aunque ganó el Partido Socialdemócrata, la ultraderecha se hará fuerte. En Italia puede pasar lo mismo antes de fin de mes. En España el presidente Pedro Sánchez ha recuperado algún oxígeno porque “en junio estábamos bajos”, reconocen fuentes de Moncloa. Parece que la pugna con el Partido Popular va por meses de avances y retrocesos. Como el frente en Ucrania. Cualquier error impacta en una opinión pública que las condiciones de vida difíciles sensibiliza al máximo.

Camino a unas elecciones legislativas generales que tocan en noviembre del 23 y que Sánchez tratará de llevar a enero del 24, está la meta volante de mayo con municipales y autonómicas en once comunidades. Tradicionalmente, quien gana las municipales gana después las legislativas —y los socialistas aspiran a ganar en ayuntamientos y diputaciones otra vez— pero en un mundo tan volátil, todo es incierto. Las encuestas suben y bajan pero de momento lo que importa es radio calle, como dice el cántabro Miguel Ángel Revilla. Y ahora mismo la calle, según va radiando, está alterada por los precios, preocupada por la guerra, desconfiada de la capacidad de sus dirigentes tanto del gobierno como de la oposición, que se tropieza en contradicciones. Pero pasar, pasar, de momento no ha pasado nada grave cuando en todos los países se anunciaban movilizaciones por el malestar social. ¿Dónde está el milagro? Pues, en parte, en las medidas sociales de reducción de costes de transporte, subvención de combustible, rebajas del IVA, etc. Lo malo es que todo es a crédito. De ahí que la Unión Europea mire hacia las empresas energéticas y los bancos. Hay que pagar el desatino que vivimos.

Bésame hasta que se renueve el Consejo General del Poder Judicial. Bésame hasta que la campaña electoral dure los 15 días que dicta el artículo 51 de la Ley Orgánica 5/1985 y no los chorrocientos de ahora. Bésame hasta que ganar una guerra signifique no haberla empezado. Bésame hasta que la banca española devuelva el rescate que no nos iba a costar “ni un euro al contribuyente”. Bésame hasta que se vuelva de arena la lengua del periodista que miente y se llenen de orines los bolsillos de los prevaricadores y comisionistas sin escrúpulos ni humanidad.

Bésame hasta que el dinero de la música y los libros sea para los músicos y los escritores. Hasta que el dinero de las frutas y verduras sea para quienes las cultivan y tengan papeles quienes las recolectan. Bésame hasta que paguemos la luz al precio que vale, hasta que cueste lo mismo una maquinilla rosa que una azul y hasta que una talla 38 sea una 38 y no una 36 o una 42. (Nos estáis volviendo locos).

Bésame hasta que pueda entrar al vip de tu garito con zapatillas y SMI. Bésame hasta que se descifre qué misterioso personaje se oculta tras el alias encriptado M. Rajoy. ¡No puedo más con tanta intriga! Bésame hasta que entienda qué cojones es un despido en diferido y hasta que los másteres se obtengan por el esfuerzo académico y no como regalos o prebendas por una “especial relevancia política”.

Bésame hasta que los lutos de una ciudad sean por sus vecinos plebeyos antes que por monarcas ajenos y a la mierda “un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo”. Bésame hasta que un “lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir” signifique que uno lo siente mucho y… no vuelve a ocurrir.

Bésame hasta que la princesa Leonor sea reina por ser la mejor y no porque sus padres no tuvieron la regia suerte de concebir un varón. Hasta que se derogue el artículo 57 de la Constitución Española que, en lo relativo a la sucesión al trono, dicta que “será preferido siempre en el mismo grado el varón a la mujer”. O, mejor aún, que sea reina porque en unos comicios libres con candidatos de toda casta y estirpe, ella resulte la elegida. Y hasta que aun así no tema enfrentarse al escrutinio popular “a intervalos periódicos y razonables”. Amén de las sacerdotisas, obispas y papisas. Bésame hasta que ningún titular sobre la reina Letizia verse en su armario o sus zapatos. Bésame hasta que quien aspira a ser la futura reina —o el futuro rey— de España se forme en centros públicos en España. Hasta que el último de cada uno de los cargos electos cualesquiera lleven a sus hijos a estudiar en colegios públicos y sean atendidos de sus dolencias en la sanidad pública, porque no hay mayor termómetro de cómo está un país que escuchar atentamente los lamentos de la consulta de un centro de atención primaria o las cucharadas de sopa de quienes comen con beca en el comedor escolar.

Bésame hasta que los sanitarios, y los profesores y los bomberos sean nuestros héroes, todo el rato. Bésame hasta que los amantes de los toros lo sean porque van a verlos en libertad y se abola todo tipo de tortura. Bésame hasta que se resuelvan los 587 casos de corrupción y los 8.171 ladrones devuelvan los 124.123.915.826 euros robados. Hasta que España ,y sobre todo los españoles, castiguen a los corruptos en las urnas (porque quien vota a un ladrón es cómplice). Hasta que los inviolables seamos nosotros. Hasta que no vivamos el bochorno de ver corruptos sentados en las tertulias de televisión.

Bésame hasta que llegue el día en que nuestros hijos no den crédito a que hace mucho mucho tiempo morían mujeres asesinadas a manos de quienes fueron sus parejas. Bésame hasta que podamos volver a casa solas, ¡a cualquier hora! Porque sí, solo porque queremos volver. Bésame hasta que entiendan que no es no, no es no, no es no.

Bésame hasta que todos los españoles vivan su derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada y los poderes públicos cumplan el artículo 47 de la Constitución “promoviendo las condiciones necesarias y estableciendo las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”. La especulación… Bésame hasta que se cumpla el artículo 31: “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad”. Progresividad…

Bésame hasta que por el mar corran las liebres, por el monte las sardinas y siguin es hòmens notaris i de cada un n’hi hagués dos. Bésame hasta que todos —incluidos los constitucionalistas— cumplan la Constitución. Hasta que todos los españoles sean iguales ante la ley. Y ante la justicia. Incluidos los jueces. Bésame, bésame mucho hasta que se renueve el Consejo General del Poder Judicial.

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