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La Opinión de A Coruña

Ana Bernal Triviño

la columna

Ana Bernal-Triviño

El colegio no es un aparcamiento

El PSOE de Madrid ha propuesto la apertura de los colegios de siete de la mañana a siete de la tarde para la conciliación familiar. Ayuso, como presidenta, estudiará la medida. El fin es evitar “reducciones de jornada” o “excedencias”. Esa es la verdad de fondo y demuestra que está lejos de entender qué es conciliar y qué es la escuela. Da la sensación de una medida para apagar el fuego, solucionar el hoy y no el mañana, tratar un problema estructural como si fuera temporal.

El colegio no es una plaza de aparcamiento donde dejar a los menores. Es un lugar de formación. Es cierto que hay trabajos por autónomos o que no todo el mundo tiene abuelos y abuelas que ayuden. Pero tratamos todo como si el problema fueran nuestras hijas e hijos. Y no. El problema es el sistema de trabajo y producción, con jornadas poco flexibles y largas.

Entiendo que es más fácil echar las cargas al colegio que a las empresas, para evitar conflictos, pero en algún momento las empresas (algunas, lo hacen) tendrán que arrimar más el hombro. Porque solo cuando organicen de otra forma la jornada laboral podrá conseguirse la verdadera conciliación, y es que el hombre asuma al 50% las tareas. Porque cuando se recoja al niño o a la niña del cole a las 7 de la tarde, las tareas siguen en casa, y ellas, las madres, seguirán con la cena y organizarán el día siguiente. Sé que cada vez los hombres asumen más, pero las estadísticas no indican eso. Por cierto, quien no tiene hijos ni hijas pero cuida a un adulto, ¿cómo se le evita reducir jornada o dejar el trabajo? Abriendo colegios, no. Por eso el problema es estructural y no se soluciona con parches.

La infancia no necesita más horas de talleres. Necesita más contacto con sus padres y madres, abrazos, hablar más, crear más confianza… y eso pasa por compartir horas, no con estar más horas lejos. Luego decimos que la juventud es despegada, que no hablan con sus padres y nos alarma su salud mental, pero es que solo miramos medidas de producción económica y no emocional, que es la que sostiene la vida.

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