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La Opinión de A Coruña

Javier Cuervo

un millón

Javier Cuervo

“Pompardeo” británico

El pasado 9 de junio fue un día histórico para millones de españoles porque el litro de gasolina superó los dos euros, pero lo sé porque lo he podido encontrar en Internet y hubiera preferido que no hubiera sucedido ese récord.

Me viene del bachiller la falta de afán de protagonizar días históricos. La historia era muy excluyente: pasaba en fechas difíciles de memorizar, con sucesiones de reyes que se ponían nombres alternos y mediante guerras larguísimas e ininteligibles en países que, si aún existían, no siempre sabía localizar en el mapa. Era muy difícil sentirse integrado en la Historia, sobre todo cuando se trataba de las muy poco deseables guerras, por la certeza de que en una no podría alcanzar más rango que el de carne de cañón.

Hay muchas personas que se quieren meter en la Historia. Se vio en las colas velatorias de Isabel II. No hemos inventado la máquina, el De Lorean o el túnel del tiempo, pero sí el cacharro que te mete en la historia: el móvil.

–Yo estuve allí, míralo en mi selfi, en Facebook o en Instagram. Entré en la historia por la puerta de servicio y lo podré contar a los nietos que no tendré.

La historia se hace con reyes y palacios, no con el precio de la gasolina ni con el frío en invierno, y la gente va a hacerla de figurante, gratis, sin bocadillo, a los actos de gala que siempre parecen más históricos que los días de guerra y barro de sangre. Quizá quieran recuperar algo de estos funerales que pagan a sus reyes participando en ellos, como se va a la boda después de enviar el regalo. Ha habido todo tipo de figurantes. Los portadores de ramos de flores que han arrimado su buqué a la verja, los que han disparado el móvil al paso del coche funerario, los que han hecho 12 horas de cola en la cola de 12 horas. Todo por la historia con palacios, carrozas, abadías, jardines, uniformes de gala, salvas, cañones, obispos, desfiles, jefes de Estado que necesita mucho pueblo. Han sido once días de pompas, un implacable “pompardeo” en el que la BBC ha sido la RAF de esta batalla informativa de Inglaterra sobre el mundo.

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