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Carlos Miranda

LA PELOTA NO SE MANCHA

Carlos Miranda

Un Dépor ni quieto ni conforme ni estoico

Diego Villares dispara a puerta en el que pudo ser el 1-2 en Balaídos ante el Celta B. | // RCD

Las victorias todo lo maquillan, las derrotas todo lo entierran. No siempre subyace la realidad. Al Dépor, por tener llaga sobre llaga, por mostrar brecha siempre abierta, le escuece su inicio de liga. Es lo que brota, su fútbol, también lo que no se ve, lo que lleva a sus hombros. Hay mucho que duele desde hace tiempo, no solo la derrota ante el Albacete. Las curas de diario no llegan para heridas profundas. Incomoda la caída, la deriva, sobre todo, las malas decisiones, el inmovilismo y normalizar la mediocridad en un equipo histórico. ¿Cuál es el suelo de este club?

Es terapéutico asimilar la situación para no sucumbir a la presión, a las urgencias. Libera. Pero de ahí a no rebelarse ante el inconformismo, a no revolverse ante un barco que va hacia las rocas... La fidelidad es acompañar, es disfrutar y sufrir. Pasión es también no aceptar todo lo que venga. El estoicismo es nocivo. Ese humus es el que hace que el vaso de la paciencia y del crédito parta casi en negativo. Puede ser injusto, es real. Desde el momento que se pasaba una nueva temporada en Primera Federación, desde el momento que se le renovaba a Borja Jiménez, ya se sabía. Las segundas oportunidades nunca son a cero, ni con la mente despejada, por muy buena predisposición que haya en el momento del segundo sí quiero. El día a día es otra historia.

Y el Deportivo de cada domingo tampoco se ayuda. Ese equipo medio cocinado, en vez de tener camino andado hacia adelante, lo que ha hecho es volver sobre sus propias inseguridades. Hasta hace poco ganaba, ahora ni eso. Su fútbol, su personalidad empequeñecen cada día un poco más. En Vigo el filial parecía el veterano y el primer equipo, el novel. Las dudas acrecientan las carencias y llevan a la superficie lo que se pudo haber cambiado y siguió igual.

No ascender iba más allá de no estar al año siguiente en Segunda, fue un golpe tan contundente que hizo más evidentes aún unas señales que se escucharon a medias. De un equipo que en 2022 ha ido de más a menos y, ¿hasta dónde? Acabó con dudas en defensa y, a falta de Pablo Martínez, poco tocó en esa zona. Por momentos, le costaba crear en la salida de balón y sigue sin alumbrar, ya en el mercado o por la mano de su entrenador, un doble pivote que le dé fútbol y estabilidad, más allá de Álex Bergantiños. A Borja se le vio falto de cintura desde enero y, tras el verano, sigue sin encontrar la tecla que reactive a su equipo. Tiene puntos y tiempo para darle un viraje a su situación, pero ¿conseguirá obtener la consistencia que requiere ser candidato al ascenso directo? Las recuperaciones a medias no le dieron buenos resultados el año pasado.

El Dépor, últimamente el pimpampum de la categoría, vio como hace unos días llegaban dardos desde Córdoba. Más allá de que puedan ser una treta para desestabilizar, queda patente la falta de clase de Juanito. Trabajar para un club es también representarlo, no solo moverse bien en el mercado. Aun así, no hizo más que verbalizar una idea que recorrió o ha recorrido la mente de cualquier deportivista tras la llegada del mes de septiembre. La secretaría técnica ha apostado por futbolistas de un perfil similar que, por calidad, se pueden adaptar a funciones que no han sido las suyas primordiales en los últimos años. Un único delantero titular y muchos enganches. Hasta seis pivotes con Soriano y Rubén Díez y ningún perfil idéntico para suplir a Álex. Futbolistas de pelota al pie y no para romper líneas en conducción o con pases verticales. Son dudas lícitas que flotan en el ambiente, aunque sea pronto para responderlas. Con opciones que entrañan riesgo, es necesario también que el entrenador vaya en la misma dirección. Mente abierta, decisiones valientes. Una plantilla de 24 no puede acabar siendo de 15 en meses y más con apuestas que requieren paciencia. Ni Quiles, aislado y diluido, se puede perder solo en punta tras ser el mejor jugador de la pasada temporada. Ni Gorka, pasarse un año jugando a ratos entre nervios. Así da igual el jugador que se contrate. Hay que crear valor dentro de la plantilla, parar la trituradora.

Ibai hoy, Ibai mañana

Una de las sorpresas de Borja en las últimas semanas es su apuesta por Ibai. Nadie duda de su calidad, de lo que ha sido. Ni siquiera hay reparos a lo que puede llegar a significar para el Dépor, incluso con una versión mucho menor de sí mismo. Pero parecía pronto para colocarlo ya en el once. Algunas semanas con media hora de juego y poco a poco que fuese llamando a la puerta... A su ritmo. Esa debía ser la hoja de ruta. No ha sido así. El vasco justifica hacer sacrificios en el presente para que lleguen los premios del futuro. Se le nota la falta de minutos. No es el mejor tampoco para presionar arriba. Todos los borrones se aclaran con pases como el que lanzó a Villares. Cambian partidos. A medio gas y con tres chispazos, se basta. Su último cuarto de hora de la primera parte casi llega para considerarlo de lo mejor en Balaídos. Todo a la espera de un mejor Ibai, que no se sabe si llegará. Vale la pena esperarlo.

El que le adelantó por la derecha es Villares. Era carne de cañón ante el golpe de timón en el doble pivote, pero fue Álex el que se quedó en el banquillo. Respondió con un gol, casi logró el segundo, y corrió por cinco para sostener a un Dépor largo y con mucha distancia entre líneas. Otra victoria silenciosa, aunque en esta pudiese celebrar un gol. En eso también se parece a Álex. Muchas veces lo dieron por muerto y...

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