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Meloni no lo tendrá nada fácil

La política italiana lleva años buscando una opción antisistema que le libere de los desaguisados del centroderecha y del centroizquierda tradicionales. El drama es que el Gobierno de Italia es una trituradora de opciones adanistas. Giorgia Meloni ya fue ministra a las órdenes de quien ahora será su más decisivo socio de coalición, Silvio Berlusconi, que, a su vez, llegó al poder como reacción a la famosa tangentópolis, la trama corrupta resultado del llamado compromiso histórico, un sistema de turnos y repartos muy similar al de España en el siglo XIX. Los italianos presumen de hacer funcionar el país al margen del Estado. Algo hay de exageración, pero lo cierto es que en los momentos complicados tienen mecanismos de supervivencia heterodoxos.

Lo de Meloni podría ser un calvario si sus flamantes socios tuvieran la posibilidad de hacer una mayoría alternativa con el PD del dimitido Enrico Letta. Pero están atados de pies y manos a ella. Eso no significa que se lo pongan fácil. El de Meloni es un voto evanescente y a la que las encuestas la debiliten, Berlusconi y Salvini la dejarán caer como Conte ha dejado caer a Draghi. Italia no tiene miedo a quedarse sin Gobierno y la inestabilidad no merece el castigo de los electores.

Haría bien Meloni en observar con atención lo que ocurre a su alrededor. Gran Bretaña, tras jugar durante décadas con el fuego de marcharse de la UE, vive estos días los sinsabores del Brexit con un desplome de la libra esterlina que agrieta al Partido Conservador. Polonia, el único Gobierno amigo de Meloni dentro de la UE, se halla sumida en la contradicción de haber alentado el sentimiento antieuropeísta y ahora depender de sus socios para pasar el invierno mientras siente el vértigo de la amenaza nuclear de Putin.

Los populismos sirven para desfogarse pero nunca arreglan nada. Gran Bretaña no está mejor ahora que antes de salir de la UE. Polonia podría estar invadida en este momento si no estuviera en la UE y en la OTAN. Sí, se pagan peajes por estar dentro del sistema. Y, a menudo, la putrefacción desprende un hedor que hace olvidar las bondades que proporciona. Señalar la pestilencia puede servir para expulsar a algunos partidos del poder, pero, una vez que se han marchado, la realidad es testaruda y ahora acechará a Meloni.

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