Kiosco La Opinión de A Coruña

La Opinión de A Coruña

Matías Vallés

Al azar

Matías Vallés

Hombres de Meloni, mujeres de Sánchez

Giorgia Meloni adelantó que gobernará Italia “como una familia”. Su padre Francesco Meloni fue condenado a nueve años de cárcel por una tonelada y media de narcotráfico para una trama mafiosa, por lo que la gobernante ultraderechista debió precisar en “como una familia distinta de la mía”. Y con esta distinción queda desvirtuada la asignación familiar. En su toma de posesión, la dirigente de los Fratelli de raigambre mussoliniana destacó que “siento sobre mis espaldas el peso de ser la primera mujer premier”. Por supuesto, el tardoprogresismo español le ha negado esta condición pionera, para sustituirla con una falsa polémica sobre su pretensión de ser llamada “el primer ministro”. Hasta hoy mismo, en italiano se extienden sobre “el ministro de Industria”, aunque sea una mujer y también en la prensa de izquierdas. En Francia dicen “la ministro de Industria”. España ha desdoblado el género en “la ministra de Industria”, una conquista feminista rebatida por el reseñable contingente de juezas y médicas que desean ser tituladas juez o médico.

Italia está gobernada por una mujer aunque dicho rasgo genérico moleste a las izquierdas, y tal vez a ella misma. Ya puede plantearse a efectos taxonómicos si una primera ministra con un gabinete de hombres, 18 de 24 en el nuevo consiglio, supone un retroceso frente a un presidente del Gobierno español con mayoría de mujeres en puestos clave. El auge femenino no queda exento de tintes paternalistas, Sánchez puede destituir a sus tres vicepresidentas a la vez y de un plumazo.

Los hombres de Meloni contra las mujeres de Sánchez posee menos interés por el marcador final que por el planteamiento de la cuestión. La orientación política predomina sobre el sexo. La izquierda no ha vertido lágrimas sobre el maltrato a la ultraconservadora Liz Truss, en las antípodas de la obsequiosidad con Sanna Marin. La inglesa decapitada encarna el síndrome Ayuso, toda crítica a Irene Montero es una agresión pero la presidenta madrileña se merece cada dentellada. El criterio de rebaño ideológico prevalece sobre consideraciones que se arrinconan en cuanto amenazan la supremacía gremial.

Compartir el artículo

stats