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Elena Fernández-Pello

Abocadas a emprender

¿Por qué emprenden las mujeres? Cada una tendrá sus razones, pero parece que lo hacen más por necesidad que por gusto y muy a menudo por no encontrar acomodo en el mercado laboral.

Tener iniciativa empresarial se valora positivamente y sin duda es algo muy encomiable. Se interpreta como un indicativo de dinamismo económico y eso, de entrada, es positivo, pero en el caso de las mujeres puede denotar cierta hostilidad del sistema productivo hacia ellas y eso ya es otro cantar.

Muchas mujeres se ven abocadas a emprender porque necesitan ingresos, como los hombres, y porque tienen inquietudes profesionales, como ellos, pero sobre todo porque intentan preservar su vida personal. No encuentran un puesto de trabajo en el que encajar todos esos requerimientos, así que no tienen más remedio que inventárselo.

Las razones que impulsan a las mujeres a convertirse en emprendedoras tienen mucho que ver con las dificultades que encuentran para satisfacer sus necesidades y deseos en un puesto por cuenta ajena.

Se estima que las mujeres dedican el triple de tiempo al cuidado en comparación con los hombres. El teletrabajo, que parecía que había venido a abrir camino y a facilitar la inclusión laboral de las mujeres en la vida empresarial, no ha tenido el efecto que se esperaba porque el trabajo doméstico sigue recayendo, mayoritariamente, en ellas. La temporalidad y la precariedad, la inestabilidad, los horarios maratonianos y las dificultades para acceder o para reincorporarse al empleo tras la maternidad son determinantes en su decisión de emprender.

En España hay más de 650.000 mujeres empresarias, según el último informe de la Global Entrepreneurship Monitor (GEM). El perfil medio de las emprendedoras españolas es el de una mujer aún joven, de entre 35 y 44 años, una edad que coincide con la de la maternidad y la crianza de los hijos. La estadística confirma que su decisión de emprender, según ellas mismas manifiestan, está motivada por la falta de alternativas en el mercado laboral: eso es lo que ocurre en el 41% de los casos.

Las expectativas de crecimiento que las mujeres depositan en sus empresas, casi siempre en el sector servicios, suelen ser moderadas, no buscan crecer a lo grande, y tienden a mantenerlas a flote contra viento y marea, quizá porque temen no encontrar muchas alternativas fuera de ellas.

Curiosamente, desde la pandemia las españolas se han vuelto más emprendedoras que nunca. En 2020, y respecto al año anterior, el número de mujeres que optaron por montar un negocio por su cuenta aumentó un 49%, según datos recopilados por la red social Linkedin. No es mala noticia, aunque antes de deshacerse en felicitaciones hay que conocer bien cuáles son las causas de ese súbito interés por convertirse en empresarias.

La brecha de género entre mujeres y hombres emprendedores en España se ha reducido un 30% en la última década, recoge el informe de la GEM. Otro buen dato, aunque queda por aclarar en qué condiciones y bajo qué requerimientos emprenden unas y otros.

Como en otros muchos campos, faltan referentes femeninos a la hora de emprender y persisten ciertos estereotipos negativos.

El emprendimiento femenino, dicen los analistas, suele ser objeto de un juicio más severo, les resulta más difícil conseguir financiación y la presión social es mayor que la que tienen que soportar los hombres en su misma posición.

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