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Joaquín Rábago

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Joaquín Rábago

Una guerra larvada, sin misiles, contra China

Estados Unidos no lleva a cabo actualmente no solo una guerra por procuración en Ucrania frente a la Rusia de Putin, sino también otra larvada, sin misiles, pero tremendamente eficaz contra su principal rival económico, la China de Xi Jinping.

La industria china de los microchips, esencial, entre otras cosas, para la tecnología militar, tiene en este momento graves dificultades por la decisión de Washington de bloquear las cadenas de suministro.

La decisión en ese sentido del Gobierno de Joe Biden tiene como objetivo retrasar cualquier progreso chino en materia de inteligencia artificial y dificultar el eventual desarrollo de armas hipersónicas e incluso de nuevos tipos de armas nucleares.

Estados Unidos piensa que China lleva tres generaciones de retraso frente a Estados Unidos en el desarrollo de chips de memoria y maquinaria para la fabricación de semiconductores y está decidido a mantener indefinidamente esa ventaja.

Para lograr la autosuficiencia en ese sector, China tendría que realizar un esfuerzo que algunos equiparan a setenta años de trabajo de programadores de todo el mundo.

A diferencia del gigante asiático, Estados Unidos domina la cadena de producción. Así, por ejemplo, la empresa californiana Nvidia, especializada en procesamiento gráfico y tecnología de circuitos, tenía hasta ahora el 95 por ciento del mercado chino y es por tanto insustituible.

Washington ha publicado, por ejemplo, una regulación por la cual productos fabricados en cualquier parte del mundo, pero en cuya producción se utilice software o tecnología estadounidense, no pueden exportarse a países considerados enemigos como Rusia o China.

Con esa medida, el Gobierno de Biden quiere frenar a China en su camino hacia la autosuficiencia tecnológica, en la que había logrado importantes avances en los últimos años.

La regulación entró en vigor en septiembre y provocó una caída inmediata de la cotización en Bolsa de las acciones de Nvidia.

Estados Unidos trata de impedir también a China desarrollar sus propios microprocesadores bloqueando su acceso al llamado “software de diseño”.

La automatización de diseño electrónico está también controlada por tres empresas radicadas en Estados Unidos, que han conseguido reunir todos los conocimientos necesarios para diseñar chips avanzados.

Una de esas empresas, TSMC, suspendió hace sólo unos días su producción para la china Biren Technology, una compañía emergente con sede en Shanghái, cumpliendo así la última regulación del Gobierno de Washington en esa materia.

Los mayores fabricantes de chips avanzados están en Taiwán y Corea del Sur, ambos aliados de Washington, pero EEUU ocupa una posición dominante tanto directa como indirecta en la producción de semiconductores.

Por supuesto que esa guerra tecnológica no es el único frente norteamericano contra China, sino que está también el militar. Así, la superpotencia ha rodeado a China de una serie de bases militares que entorpecen en cierto modo la libertad de movimientos del país rival.

Thomas Friedman, conocido columnista del diario The New York Times, se preguntaba recientemente en un artículo si este conflicto con China será otra de la serie de guerras interminables de su país.

Según Friedman, la guerra de EEUU contra China es menos visible que la de Ucrania, pero tendrá sin duda mayor impacto que la segunda en el equilibrio de poder en el mundo.

Ni está de más recordar a este respecto la advertencia del ex consejero de seguridad nacional de EEUU Henry Kissinger, sobre el peligro de desafiar a Rusia y a China al mismo tiempo.

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