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Juan Soto Ivars

LA hoguera

Juan Soto Ivars

Si te molesta Halloween vete a América

Si no te gusta Halloween, vete a Estados Unidos. Allí le han puesto tantos impedimentos, censuras y trabas a la fiesta —prohibido disfrazarse de indio, de cualquier personaje de otra raza, de muerto en según qué circunstancias, de personaje con otra orientación sexual, en suma: de cualquier cosa que pueda ofender a alguien concreto o incluso resultar ofensiva de forma potencial, en abstracto, aunque nadie se enfade de manera concluyente—, que pronto estarán celebrando el día de Difuntos. Se vestirán de negro y, con cara de acelga, irán a limpiar lápidas con la esperanza puesta en la representación de Don Juan Tenorio como toda venta de diversión.

Universidades como las de Wisconsin, la de Ohio, la de Colorado, la de Nebraska o la de Michigan alientan a los estudiantes a elegir un disfraz de Halloween que no se apropie de otra cultura, dado que en el pasado han tenido graves problemas de hiperventilación cuando un estudiante blanco hacía blackface para disfrazarse de su ídolo de la NBA, o cuando una chica pálida aparecía disfrazada de Frida Kahlo. La Universidad de Wisconsin-Madison, en particular, tiene toda una página web dedicada a la “conciencia cultural en Halloween”, que manda a los estudiantes evitar disfraces racistas, demasiado crudos o culturalmente insensibles.

“Cuando alguien adopta aspectos de una cultura que no es la suya, a menudo se considera una falta de respeto, pues los miembros de la cultura dominante han copiado siempre elementos culturales de culturas marginadas y los han usado fuera de su contexto cultural”, se lee en la web. Se da allí la hermosa paradoja de que casi resulta menos ofensivo que un chico blanco se disfrace de un vaquero famoso por disparar a los indios que de indio. Asesino étnico antes que salir de tus parámetros identitarios.

Cuando se deja de sublimar mediante el disfraz en un rito carnavalesco, entonces se hacen cosas raras con la auténtica identidad. No extraña, entonces, que la persona conocida como Sacheen Littlefeather, la mujer que aceptó un Oscar en nombre de Marlon Brando por su papel en El Padrino, fingiera ser nativa americana según sus propias hermanas. “En su mente —dijo una para el San Francisco Chronicle—, era más prestigioso ser indio americano que hispano”. Littlefeather solo es el último caso de una larga lista de personas que han fingido ser herederos de los pueblos nativos. El truco vendría a ser como el dopaje de las olimpiadas de la identidad.

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