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Carmen Martínez Fortún

De Santa Teresa a ‘1984’

Qué lejos y qué cerca aquel 1987 en que Hernández Mancha, en su moción de censura, hizo que Adolfo Suárez desde la tribuna del Congreso le corrigiera su errónea cita de Teresa de Ávila, pues la santa nunca había escrito aquello de “¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?”. El presidente se había propuesto no intervenir por no dar importancia a la moción pero, ante el desaguisado literario, optó por devolver a Lope lo que de Lope es. Nadie está obligado a ser una enciclopedia ambulante y, como entonces no había redes sociales, tampoco la cosa trascendió en burlas crueles que cuestionan, no ya la memoria para las citas cultas, sino la propia idoneidad para el cargo, tal como le ocurrió hace poco a otro simpático abogado del estado y alcalde de Madrid, que anunció en la red Twitter los “Carmina Burana” como grupo musical y al que trataron por ello de memo integral.

Mucho más lejos está aquella genialidad de Fraga acusando a un diputado rival de ser como aquel estudiante que al leer el rubeniano “que púberes canéforas te ofrenden el acanto”, solo había entendido “que”. Y aunque el propio Saramago negó la maldad que coronó a Aguirre como tonta de las tontas, al atribuirle su ya popular Sara Mago, hoy como ayer las pifias se pagan caro y lo mismo da confundir Honduras con El Salvador a lo Trillo que Kenia con Senegal a lo Sánchez, pues tirios (que no tibios) y troyanos lo utilizarán sin rubor, lanzando con saña la primera piedra como si nunca se hubieran equivocado.

El otro día cuando contaba entre risas que un conocido me había aconsejado que no confundiera churras con meninas y otro que a menudo se ponía hecho un obelisco, una amiga me reconoció que hasta hace poco ella había dicho que no le pidieran peras al horno. Y le confesé que una vez le di el pésame a una compañera al morir su madre de un fallo multiorgásmico. Hay quien se cree las cosas a pies puntillas y quien se enfrenta a una jauría de grillos. Eso sí, si es Feijóo quien comete el pecado mortal de confundir 1984 con el año en que Orwell lo escribió, entonces está condenado in aeternum.

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