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Joan Tapia

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Joan Tapia

La economía exige cautela

“No conviene ni complicar la reforma laboral ni endurecer más el control de alquileres”

La incertidumbre económica y política —no solo la española— es muy alta. El Gobierno debería tenerlo en cuenta porque el Presupuesto de 2023 ya parte de unas hipótesis optimistas que tanto el Banco de España como la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) matizan o incluso corrigen.

Tan inoportuno es el catastrofismo —vamos a una crisis descomunal— como la confianza ciega en que España seguirá creciendo en 2023. El FMI dijo hace poco que la desaceleración española sería menor que la europea, pero los últimos datos exigen la máxima cautela. El Gobierno no debe alimentar el pesimismo, pero tampoco cerrar los ojos y abrirse a medidas —teóricamente progres— que perjudican a la economía porque entonces pierde credibilidad.

Veamos la realidad. En el tercer trimestre se ha seguido generando empleo y tenemos la cifra más alta de la historia de afiliados a la Seguridad Social, pero el ritmo de aumento del empleo se ralentiza. El crecimiento del PIB de un 0,2% en el trimestre indica una gran desaceleración respecto al 1,5% del anterior, pero está en línea con lo que ha pasado en la zona euro, donde se temía el estancamiento. Y que Alemania haya crecido un 0,3% —pese a la crisis del gas ruso— es positivo. Pero la encuesta PMI del sector industrial en octubre es preocupante. En la zona euro, el índice PMI del sector manufacturero ha bajado del 48,4 de septiembre al 46,4, cuando un dato inferior a 50 indica contracción. Y en España es peor porque ha caído del 49 al 44,7.

Los últimos datos no son malos, pero indican que el próximo año será complicado y que hay peligro de recesión

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Vamos a la inflación. El dato español de octubre es alentador pues el IPC ha bajado del 9% al 7,3%, mientras que el de la zona euro ha subido al 10,7%. Quizá la excepción ibérica ha funcionado y el descenso de la inflación hará que la pérdida de poder adquisitivo sea menor. Pero cuidado, el BCE sube los tipos pensando en la media del euro, no en España, y el alza ya está castigando a los que tienen hipotecas a tipo variable. Y la Reserva Federal americana acaba de volver a subir sus tipos, lo que presionará al BCE.

Máxima cautela

España debe comportarse, al menos a partir de ahora, con la máxima cautela y no dejarse arrastrar por dos cantinelas que suenan bien pero que son equivocadas e inoportunas. La vicepresidenta Yolanda Díaz debe pensar en su campaña electoral, pero predicar que el coste del despido dependa de la situación del afectado (edad, familia…) en vez de la norma general es difícil de justificar.

Primero, porque no se debe cambiar, y confundir, una reciente reforma laboral que tuvo gran consenso (la CEOE la respaldó) y está dando resultados. También, porque cargaría a las empresas con costes extra que, en todo caso, deberían ir a cargo del Estado. Además, se limitaría la creación de empleo y, a la hora de contratar, las empresas podrían discriminar a los trabajadores cuyo despido fuera más gravoso. La idea es bastante absurda y que en este momento delicado la plantee la vicepresidenta no genera confianza. ¿Por qué calla el resto del Gobierno? ¿Porque está de acuerdo con Yolanda Díaz o porque no quiere conflictos internos?

Y no es lógico que ante el grave problema de la vivienda se siga alimentando la idea de que endurecer el control de alquileres es la panacea. No es solo el control —las hipotecas son más caras y han vuelto los pisos turísticos—, pero lo cierto es que el coste de alquilar un piso representa ya de media el 30% del salario según un estudio del portal Idealista.

Pero atención, en las capitales donde más se insiste en el control de alquileres (Barcelona), el coste ha subido ya al 58%. Veintidós puntos más en un año. ¡Un escándalo!

Alquileres accesibles exigen vivienda pública y acuerdos con el sector privado que aumenten la oferta, no limitaciones y controles que tienden a reducirla. Intentar hacer pagar a los propietarios los estropicios del sistema no arregla nada, sino que lo enreda todo.

Con tanta incertidumbre mundial no se puede gobernar como si el crecimiento fuera eterno e invencible el Estado protector. Aunque no sea popular, la cautela debe imponerse a los clichés y las soluciones simples y populistas.

Y si el Gobierno lo ignora —o solo piensa en términos electorales—, complicará aún más una realidad ya muy delicada de gestionar.

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