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Juan José Millás

El trasluz

Juan José Millás

No sé de qué me hablan

Los productos de cercanía, paradójicamente, vienen de lejos. Hay en la esquina de mi calle una tienda de ultramarinos en la que venden géneros fabricados en Taiwán o cultivados en China. La tienda está cerca, pero el maíz me lo traen de Sudamérica. Esta tensión entre lo cercano y lo lejano nos vuelve un poco locos.

—Compre usted productos de proximidad —nos aconsejan las autoridades.

Pero los productos de proximidad han viajado mucho para llegar a la tienda del barrio, que además está regentada por una pareja de chinos muy simpática cuyos hijos hacen los deberes detrás del mostrador. El más pequeño es un genio en matemáticas. Le preguntas cuántos minutos son cinco mil segundos y te responde al instante, no sé cómo lo hace, aunque, para decirlo todo, tampoco compruebo nunca si la respuesta es correcta o no. A lo mejor me toma el pelo. En todo caso, es el único de la familia que habla castellano, en eso no me puede engañar. O sí, no sé. A veces, pongo en la tele una película china en versión original y entiendo los diálogos hasta que caigo en la cuenta de que no puedo entenderlos porque desconozco el idioma. Es como cuando intentas caminar siendo consciente de que caminas, que trastabillas y te caes.

El chino se ha convertido en una lengua de proximidad. En mi barrio hay no menos de cinco tiendas en las que tal es el idioma de los dependientes. En ellas compro desde la fruta hasta las cuartillas para la impresora, pero ninguno de los productos que me llevo a casa viene de Palencia, por poner un ejemplo, o de Valladolid. Me pregunto por qué los chinos no pueden traer mercancías de Palencia o de Valladolid y me respondo que en Palencia y en Valladolid no hay mercancías. No sé si fueron los acuerdos de Maastricht o la globalización desordenada lo que nos convirtió en un país de servicios.

El único artículo de cercanía que puedo adquirir al lado de mi casa es el billete de avión. Lo venden en una agencia de viajes regentada por una señora de Écija. Claro que, si el billete es para Buenos Aires, será de cercanía el billete, no el destino. De modo que cuando los directores generales salen en la tele aconsejándome que me provea en establecimientos de proximidad, no sé muy bien de qué me hablan.

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