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Arenas movedizas

Jorge Fauró

El moderno Feijóo

El presidente del Partido Popular ya tiene su posado a la moda. Como hicieran las ministras del primer Gobierno de Zapatero vestidas para Vogue, Sáenz de Santamaría desplegando sensualidad en la portada de un diario o Isabel Díaz Ayuso en el papel de viuda de España, Alberto Núñez Feijóo acapara la primera página del último número de Esquire, tratando de aparecer como un hombre acorde a los tiempos, a merced del fotógrafo, y pese a que “trae algunas propuestas de ropa para la sesión (…) no pone reparos para ponerse en las sabias manos del director de moda de la revista”.

Más allá de la curiosidad que despierta ver al jefe de la oposición a la manera de Jon Kortajarena, alzándose el cuello vuelto del jersey, no está muy claro cuál es el objetivo estratégico de este tipo de concesiones, aunque las intenciones del político se van destapando a medida que uno lee. Se sobreentiende que el político ocupa espacio en los medios para que no lo haga el rival y así extender su mensaje al mayor número posible de electores, y dado que ni Fernández de la Vega ni Sáenz de Santamaría perseguían un futuro en las pasarelas, debe deducirse que el dirigente gallego se presenta ante su electorado masculino como “un hombre de hoy”, desenfadado ante el fotógrafo, solvente frente al objetivo, luciendo con naturalidad moda española y hablando de la paternidad a partir de los 55. Lo hace en la misma publicación que propulsó el Nuevo Periodismo y en la que desplegaron talento Capote, Talese, Hemingway, Scott Fitzgerald o Tom Wolfe. En resumen: la puesta de largo de Alberto Núñez Feijóo como un hombre moderno.

Feijóo puede ser muchas cosas. De todos los calificativos que le dedicaron sus compañeros el día en que sustituyó a Casado, los dirigentes de PP le asignaron las cualidades de sólido, solvente, seguro, moderado, dialogante, trabajador, respetuoso, experimentado, firme, talentoso, inteligente, capaz, riguroso, serio, comprometido o responsable. Sin embargo, a ningún mandatario del Partido Popular se le ocurrió tildarle de moderno. Porque Feijóo, no nos engañemos, moderno no es por mucho que lo intente. Le entrevista (y bien, a pesar de emplear el tuteo) el director de la revista, Jorge Alcalde, al que confiesa, entre otras intimidades, que es “muy de Sabina, de los Who, Supertramp, la Creedence... Desde ahí, de todo hasta C. Tangana”. Paréntesis aquí. Dime qué música escuchas y te diré quién eres. Conozco a muy pocos fans de la Creedence o de los Who que no entiendan como sacrilegio compartir esa conjunción de gustos si quiera en su imaginario más remoto. Meter a Tangana en la misma lista de éxitos donde suenan los participantes de Woodstock 69 es casi pecado venial para la mayoría de seguidores de unos y otro.

Pero Feijóo, y eso sí lo hace bien, aprovecha una publicación de prestigio para marcar distancias con la ultraderecha —que al final, deduzco, es la auténtica intención de la entrevista con posado de moda— y afirmar lo que Fernández Mañueco nunca se atrevería a decir a su vicepresidente en Castilla y León: “Abortar es una decisión muy complicada, muy difícil. Y hemos de respetar a la gente que toma esa decisión. Y también hemos de ayudarla en el caso de que no quieran tomarla”. O esta otra, que podría firmar Carmen Calvo a preguntas sobre la Ley Trans: “Pone en peligro los logros de la lucha feminista. (...) Creo que las feministas tienen razón. Esta ley no atiende a la causa histórica del feminismo”. Suena tan moderno que se diría que está a un paso de agarrar una pancarta el 8 de marzo, con Sabina a un lado y El Langui al otro.

Si esta nueva imagen que el presidenciable español pretendía transmitir no ha sido objeto suficiente de comidilla es a causa del propio protagonista, que a los pocos días se embarró —y no pareció un lapsus— al fechar 1984, la novela futurista de George Orwell, en el año al que refiere el título, que en realidad se publicó en 1949, lo que no dice mucho en favor del bagaje cultural del gallego. Es bastante probable, por tanto, que Feijóo crea que Gran Hermano es un nombre original ideado en una reunión de guionistas para bautizar el popular programa de telerrealidad que ha triunfado en todo el mundo. “Cuando la mentira vale más que una verdad, empieza la decadencia definitiva de una sociedad. Y quizás ya esté pasando”. La frase, con tintes futuristas a la manera de 1984 no es de George Orwell. Es de Feijóo.

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