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Joaquín Rábago

360 grados

Joaquín Rábago

Aparecen pequeñas grietas en el muro de apoyo occidental a Zelenski

Es difícil encontrar en los llamados medios de referencia de los países de la OTAN noticias que parezcan introducir una grieta, por pequeña que sea, al apoyo occidental sin fisuras a la figura de Zelenski.

Sin embargo, existen: por ejemplo, ¿cuántos se han enterado de la destitución del ministro de Defensa de Rumanía, un país de la OTAN, Vasile Dincu, por afirmar que Kiev debería negociar con Moscú y que Ucrania tal vez tuviera que renunciar a una parte del territorio ocupado por Rusia?

¿Se ha dado la debida publicidad al plan de paz para Ucrania del hombre más rico del mundo, Elon Musk, que iba también en el mismo sentido y que tanto indignó el presidente del país invadido y a todos sus ministros? Interesaba lógicamente mucho más a los medios y al público su compra de Twitter.

¿Ha merecido algún titular de primera página la carta al presidente Joe Biden de una treintena de legisladores del sector progresista del Partido Demócrata de Estados Unidos, quienes, al día siguiente decidieron, sin embargo, retirarla y de cuya difusión culparon cobardemente a algún subordinado?

¿O la noticia de que el portavoz de los republicanos en el Congreso, Mitch McConnell, que podría presidir esa cámara si su partido gana las próximas elecciones, ha dicho que no habrá “más cheques en blanco” en el futuro para Ucrania?

¿Acaso nadie mínimamente responsable puede descartar una guerra nuclear en Ucrania, por espantoso que ello suene, bien por simple error de cálculo o porque el líder del Kremlin viese en una salida de ese tipo su única posibilidad?

Mientras tanto, las consecuencias económicas de la guerra de Ucrania, sobre todo en materia de inflación, se dejan sentir cada vez más no solo en Europa sino también en Estados Unidos, y algunos dirigentes no ocultan su disgusto con lo que ocurre.

Por ejemplo, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha acusado a Estados Unidos de doble rasero por vender a Europa su gas licuado cuatro veces más caro que el que pagan los clientes norteamericanos.

Pero Macron no criticó solo a Washington, sino también a Noruega por los beneficios extraordinarios que obtienen sus empresas energéticas gracias a la guerra.

Frente a esas y otras noticias que indican el creciente cansancio de muchos con un conflicto que no parece que vaya a tener pronto fin, la emisora CBS informaba recientemente de que la Casa Blanca ha autorizado el envío de otros 5.000 militares al frente oriental europeo.

John Lubas, comandante de la 101 división aerotransportada, a la que aquellos pertenecen, declaró a los medios que sus hombres están dispuestos a defender “cada centímetro de territorio otaniano”, como si Moscú hubiese amenazado directamente a algún país de la Alianza, algo que hasta ahora no ha ocurrido.

Claro que hay quien dice que se trata sólo de una demostración de solidaridad por parte de Washington porque un contingente militar en principio tan reducido no tendría demasiado impacto frente a los 300.000 hombres que Rusia afirma haber movilizado para la guerra de Ucrania.

La cuestión de fondo es que si para Rusia, Ucrania parece tener una importancia estratégica vital —al menos es lo que siempre ha aducido Putin—, no la tiene en el mismo grado para los Estados Unidos, a los que separa de Europa un océano. Y esto es algo que puede haber entrado en los cálculos del Kremlin.

Lo inquietante en cualquier caso es que hay, pese a todo, gente en Washington a la que no parece preocupar una escalada del conflicto, convencida como está de que los ocho meses de guerra han debilitado a Rusia y merece por tanto la pena seguir armando a Ucrania hasta la derrota total del invasor.

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