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Joaquín Rábago

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Joaquín Rábago

La bajeza moral de Donald Trump no conoce límites

Mientras la Justicia de EEUU busca nuevos elementos con los que poder acusar al expresidente Donald Trump de haber intentado subvertir la Constitución, el político republicano da cada día nuevas pruebas de su bajeza moral.

En una reciente alocución a sus fanáticos correligionarios en la pequeña localidad texana de Robstein, Trump lanzó la idea de encarcelar a los periodistas y exponerlos a posibles violaciones sexuales que se nieguen a revelar sus fuentes.

Aunque no se trata de algo que pueda perseguirse judicialmente en aquel país salvo en circunstancias muy especiales, hay varios Estados de la Unión en los que ese derecho no está suficientemente protegido por la ley.

Trump se refería concretamente en esa ocasión a la filtración a la prensa de un borrador de ley del Tribunal Supremo de Estados Unidos que abogaba por la supresión del derecho al aborto, algo que finalmente ocurrió.

Entre las risas del público que le escuchaba con entusiasmo, Trump dijo que lo que habría que hacer en tales casos es amenazar al autor del artículo y al director del periódico con mandarles a la cárcel.

Ya se vería cómo ante el peligro de ser allí objeto de violación l una vez dentro por otros reclusos hambrientos de sexo, los periodistas terminarían cantando, dijo Trump.

Pero si el expresidente ha condenado las filtraciones a la prensa siempre que le perjudicaban, no ha dudado en elogiarlas cuando, por el contrario, dañaban a alguno de sus rivales políticos.

En diversas ocasiones, Trump, que amaga con presentarse a las próximas elecciones presidenciales para desquitarse de su nunca reconocida derrota frente a Joe Biden, ha calificado reiteradamente a la prensa y a los periodistas como “enemigos del pueblo”.

Para el expresidente, que sigue teniendo una inmensa influencia sobre su partido, la cobertura de que él mismo fue objeto mientras ocupó la Casa Blanca por parte de algunos medios estadounidenses es no sólo una “mentira”, sino también “una traición”.

Hay que saber que la traición está castigada en Estados Unidos con penas mínimas de cinco años de cárcel y multas no inferiores a los 10.000 dólares y que prohíbe además a quien la comete ocupar en el futuro cualquier cargo público.

Según Trump, los medios de su país se dedican sistemáticamente a combatir “una frase tan magnífica como la de Make America Great Again” (¡Hagamos fuerte de nuevo a América!), su continuamente repetido y exitoso eslogan de campaña.

Trump no ha ocultado nunca su debilidad por los hombres fuertes y brutales como el todopoderoso líder chino, Xi Jinping, el ruso Vladímir Putin, el norcoreano Kim Jong-un, el egipcio Abdelfatah El-Sisi, el turco Recep Tayyip Erdogan o el ex presidente filipino Rodrigo Duterte.

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