Kiosco La Opinión de A Coruña

La Opinión de A Coruña

Joaquín Rábago

360 grados

Joaquín Rábago

¿Democracia o el crudo poder del dinero?

Han transcurrido doce años desde la decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos de permitir a empresas y multimillonarios hacer donaciones sin límites que les permiten influir indebidamente en los procesos electorales.

Según la ONG norteamericana OpenSecrets, en las elecciones de medio mandato de 2018, “grupos oscuros” gastaron más dinero que en ningún otro momento de la historia para manipular las elecciones en beneficio propio.

Como escribió el famoso periodista y novelista norteamericano Gore Vidal, “sólo hay un partido en EEUU y es el del dinero aunque tiene dos alas: la demócrata y la republicana”.

Este año, cuando se celebran nuevas elecciones de medio mandato, va camino de superarse la cifra récord de 2018: los donativos superan ya los 1.340 millones de dólares frente a los 1.320 millones en todo aquel año.

De hecho se calcula que podría incluso rebasarse el total donado en 2020, cuando se celebraron las últimas presidenciales, que son las que suelen recaudar más fondos de ese tipo.

En la carrera al Senado en varios Estados de la Unión es adonde más dinero oscuro ha afluido, lo cual se explica por el hecho de que actualmente demócratas y republicanos están empatados en esa cámara y el empate sólo lo resuelve el voto de su presidente, que es actualmente la vicepresidenta del país, Kamala Harris.

La obtención por los republicanos de un solo escaño haría que la mayoría pasase al partido de Donald Trump, cuyos correligionarios sueñan ya con la revancha en las próximas presidenciales y trabajan ya en ese sentido tratando de controlar los procesos electorales en perjuicio de las minorías.

Las empresas y grandes corporaciones pueden gastar cuánto les dé la gana en publicidad a condición de que no den ese dinero directamente a los candidatos

decoration

Las donaciones de grupos que no están afiliados oficialmente a ningún candidato concreto, única condición, han aumentado en efecto considerablemente desde que en enero de 2010, el Supremo dictaminó que no podía limitarse la participación de las empresas en los procesos electorales.

Aquella decisión, que dio al traste con una ley anterior de más de un siglo de antigüedad y el Supremo justificó apoyándose en la Primera Enmienda, que defiende la libertad de expresión, ha tenido gravísimas repercusiones en la democracia y en la lucha contra la corrupción política.

Como resultado de aquella histórica sentencia, las empresas y grandes corporaciones pueden gastar cuánto les dé la gana en publicidad electoral a condición de que no den ese dinero directamente a los candidatos de un determinado partido.

La consecuencia más preocupante ha sido la creación de los llamados “super Pacs” (supercomités de acción política), que no forman parte de la estructura de campaña de los candidatos, pero que influyen indebidamente en los procesos electorales.

Así, entre 2010 y 2018, esos comités gastaron cerca de 3.000 millones de dólares en diversas elecciones federales, y en ese último año, el dinero del centenar de donantes más generosos supuso cerca del 78 por ciento del total.

Según un informe del Brennan Center for Justice, de la Universidad de Nueva York, aquella decisión del Tribunal Supremo “ha reforzado la sensación creciente de que la democracia está sólo al servicio de una minoría adinerada y que apenas cuenta la participación democrática de la inmensa mayoría”.

Los senadores demócratas presentaron en su día un proyecto de ley que exige revelar la identidad de quienes donan más de 10.000 euros en un solo ciclo electoral, pero tropezaron con la oposición de los republicanos.

En el Congreso se aprobó también el año pasado un proyecto de ley en el mismo sentido, el llamado Fort the People Act (A favor del pueblo), que tiene como objetivo, entre otras cosas, reducir la influencia del dinero en la política. Votaron en contra los republicanos y el sector derechista del Partido Demócrata.

Como dice el nonagenario lingüista y activista Noam Chomsky, “Estados Unidos es una plutocracia disfrazada de democracia”. Y que además pretende dar lecciones de eso último al mundo.

Compartir el artículo

stats